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Resistencia monárquica


Isaac Bigio / Analista

Una de las celebraciones más importantes que hay en el mundo, hoy, es el del 60 aniversario desde que Elizabeth II ascendió al trono británico.

Tales conmemoraciones van de la mano con una serie de eventos en Reino Unido, incluyendo las Olimpiadas.

Ante la corona británica no hay muchos movimientos republicanos que se le opongan en casa, aunque sí son fuertes en Irlanda y crecen en Australia.

El Reino Unido, si bien reclama ser la potencia con la democracia ininterrumpida más antigua, nunca ha tenido un Presidente, un gobierno electo directamente por la población o si quiera una Cámara Alta votada por el pueblo. En ese país se jura la fidelidad ante la reina, la misma que aparece en todos los signos monetarios y es la gobernadora suprema de la Iglesia de Inglaterra, pero pocos le sindican de promocionar el culto a la personalidad o la teocracia.

Elizabeth II es reina de 16 países - incluyendo el más grande después de Rusia (Canadá) y el único del planeta que abarca todo un continente (Australia), siendo el territorio combinado de todos ellos el equivalente a un sexto del territorio.

Dentro de los monarcas que se ensalzan figuran varios que encabezan los regímenes más retrógrados que hay. Los sauditas vetan el cristianismo, los partidos o el que la mujer ande sola y sin velo. El rey de Suazilandia puede escoger cuanta esposa quiera y vivir en la opulencia mientras su país es el que tiene el mayor porcentaje de sidosos.

Hoy ni los EE.UU. gustan de recordarse que quien les hizo la peor guerra fue la tan pro-hitleriana realeza nipona, la cual es hoy su principal socio por las costas de China. Y dentro de los que aplaudieron la intervención en Libia nadie menciona que los principales dadores de armas y dinero a los anti-gadafistas estaban las mismas petro-monarquías del Golfo que invadían Bahréin aplastando su movimiento popular pro-democracia.

Isaac Bigio/Analista