Resocialización
El ascenso de las estadísticas de los reclusos que estudian en las cárceles es una realidad que debiera destacar la comunidad nacional. El director del Sistema Penitenciario, Ángel Calderón, informa que 3,000 reclusos participan en los programas de formación educativa en diversos establecimientos carcelarios. Este año se han graduado 761, lo que representa el 26%, en comparación con el 7.1% de tres años antes.
La población carcelaria creció a 4,000, cifra que eleva a 15,000 reclusos detenidos en los 23 centros penitenciarios del país. Sin embargo, existe optimismo en los resultados de la política de resocialización basados en que, hasta hace pocos años, solo se graduaron 100 reclusos por año y actualmente entre 800 y 1,000 en los niveles de alfabetización, educación primaria y secundaria, de programas organizados por el Instituto Nacional de Formación Profesional y Capacitación para el Desarrollo Humano (Inadeh).
Hay programas que comprenden a 1,500 reclusos, que son bachilleres aspirantes a acceder a una formación educativa de alto nivel. Pero no todos tienen recursos económicos para pagar los estudios que se deben efectuar fuera de los centros penitenciarios. Para destapar este bloqueo se trabaja en programas para que las clases las dicten las universidades en aulas dentro de los presidios o se aplique la enseñanza no presencial. El quid del asunto es el financiamiento de las carreras, lo que se lograría si los reclusos trabajan en las cárceles y obtengan recursos económicos para sufragarlos.
Los 761 graduados aprendieron oficios técnicos como plomero, electricista, ebanista y panadero, gracias a los programas del Inadeh, los que pueden ampliarse para que los bachilleres se ganen la vida dentro de las cárceles en trabajos afines a su capacidad y destreza.
En el centro femenino de reclusión 74 pupilas están estudiando servicios de turismo, idiomas para trabajar en call centers, diseño de modas, trabajadoras sociales, con el apoyo académico del Centro Regional Universitario de San Miguelito, que suscribió un convenio de enseñanza con el Sistema Penitenciario. Además, se ha estructurado un programa específico de resocialización de detenidos en materia laboral extramuros con el aval de buena conducta, con el fin de reducir la pena con días conmutables por el trabajo, es decir un día libre por cada dos días de trabajo.
Los hechos demuestran que la lucha contra el crimen organizado tiene en los programas de enseñanza una herramienta eficaz para que los sicarios reclutados para perpetrar asesinatos, hurtos, o formar parte de las cadenas de venta de drogas comprendan que la educación puede garantizarles la obtención de ingresos estables, sin los riesgos inherentes al delito.
Las estadísticas penitenciarias de los últimos años registran una disminución de los casos de reincidencia delictiva. La educación intramuros o extramuros fortalece la resocialización de los panameños. Ciertamente, el delito no paga porque, tarde o temprano, lleva a la cárcel o a la pérdida de la vida a los incautos que creyeron en la ganancia rápida de la venta de drogas.
La política gubernamental de descentralización económica demanda la ampliación de nuevas oportunidades de empleo. Los reclusos que estudiaron en la cárcel y demostraron su reinserción a la sociedad podrán aprovechar esas oportunidades.