Resocializar sin armas
En las normas y convenciones internacionales, en nuestras normas nacionales y en la propia Carta Magna, se señala el deber de los Estados de emplear métodos, procedimientos y técnicas para restaurar al individuo que ha vulnerado las Leyes, de tal forma que sea devuelto a la sociedad como un ente “resocializado” y que sea productivo en el medio social.
Pero hay dos ingredientes muy necesarios para que esto ocurra y es que debemos poseer todo el armamento o la instrumentación, o los recursos necesarios para poder cumplir con el fin resocializador.
Esto significa que los centros de cumplimiento deben poseer una forma arquitectónica adecuada para cumplir con este fin. Deben existir una serie de recursos humanos destinados a la custodia, administración, instrucción, inducción y cuidados de este ser humano al que se pretende resocializar.
Los cuidados no solo deben ser cuantitativos sino cualitativos, los cuales deben ser monitoreados en evolución y aún después de la salida del centro de cumplimiento en este caso. ¿Cómo conocer quiénes se han resocializado y ahora viven una vida digna?; debemos conocer a ciencia cierta el estado de estos jóvenes e inclusive y principalmente una vez salen del centro de cumplimiento.
Sin embargo todo también radica en que nuestras instituciones posean un buen presupuesto para poder brindar todos los requerimientos para llegar a lo que conocemos como resocialización.
La dirección de estos recursos debe ser hacia las instituciones y hacia el medio social del cual provienen estos jóvenes, puesto que han nacido y crecido con todo tipo de carencias, en disfunción familiar y presa de un medio en donde vence el más fuerte.
Un medio asediado por problemas de drogas, de alcoholismo, de hambre, de prostitución, y de pandillas, y que de regresar al mismo en tales condiciones, solo promete “la reincidencia” y su devolución a un estadio peor: “Cárcel o Muerte”.
El Estado debe velar por la transformación de estos medios mediante programas integrales que prometan y aseguren su preocupación porque las metas establecidas para la sociedad, se cumplan con estos grupos de personas.
La acción si es que queremos realizar prevención de la criminalidad en todos los niveles, debe ser dirigida tanto al medio social como a los jóvenes que están en riesgo y aquellos que están ya en los centros de cumplimiento.
Solo con una voluntad política férrea y preocupada por mejorar los ambientes y actores relacionados con la criminalidad, veremos un mejor mañana, un mejor país.
*Decano de la Facultad de Odontología de la Universidad de Panamá (UP).
