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Respeto a la vida


El trovador de la pampa, Facundo Cabral, ha muerto en ciudad de Guatemala, víctima del ataque de sicarios armados con fusiles de asalto, que emboscaron y dispararon al vehículo en que se dirigía al aeropuerto internacional y que estaba conducido por un empresario nicaragüense que, según Héctor Timerman, canciller argentino, supuestamente tendría vinculación con el narcotráfico y delitos conexos. La autoría intelectual y material de este internacionalmente repudiado homicidio correspondería a mafiosos de las drogas que delinquen especialmente en Guatemala, Nicaragua, Costa Rica y Panamá, donde las autoridades intensifican investigaciones.

Dada la fama del cantautor y las características en que se perpetró este atentado, la estremecedora noticia fue ampliamente difundida, lo que actualizó el conocimiento de la atmósfera de inseguridad que se vive en Latinoamérica y el Caribe, singularmente en Centroamérica donde la violencia es comparada con una gigantesca y ascendente espiral que va dejando los más altos índices de asesinatos en el orbe.

El declive de la situación se encuentra en no haber previsto efectivas medidas para el progreso y la seguridad en una República agobiada por la pobreza extrema y una guerra civil que duró 30 años y causó la muerte o desaparición de cientos de miles de personas, la infiltración del narcotráfico, la desbocada corrupción, los arraigados vínculos de las mafias, el accionar de las pandillas y la impunidad reinante. Lamentablemente, se identifica a Guatemala como el primer narcoestado de Latinoamérica. Se ha informado que, allí, la corrupción ha llegado a tal grado de expansionismo que grupos criminales prevalecen en vez del imperio de la ley y el orden, fundamentales para la racional convivencia.

Espeluznantes son los hechos que acontecen en esos territorios. Basta mencionar el asesinato y decapitación de 27 campesinos en el departamento de Petén, donde los narcotraficantes perpetran acciones de salvajismo extremo.

En vista de estos sombríos perfiles, el propio Presidente, Álvaro Colom, solicitó la creación de una OTAN para atacar al crimen organizado que tiene en el narcotráfico su punta de lanza. Por las características transnacionales y de máximo peligro de esta clase de fenómenos delictivos, se vuelve procedente este pedido.

La Conferencia Episcopal Guatemalteca, al rechazar el creciente clima de virulencia y muerte, exigió soluciones a los candidatos presidenciales y no ser inmediatistas, ya que cuando son así engañan a muchos.