Respeto a los gais
Quienes crecimos viendo las cómicas del robot gigante “Mazinger Z”, de seguro recordaremos al “Barón Ashler”, un personaje que era mitad hombre y mitad mujer. Traigo este recuerdo a colación porque de pequeña escuché a un adulto decirle a un niño, que los gais eran como el Barón Ashler de Mazinger Z y este ejemplo se me quedó grabado en la mente. Diecisiete años después mi hija me pregunta, por qué “Tinky Winky”, el “teletubie” morado, llevaba una cartera de mujer, si él era un niño.
Sin embargo, hablar sobre el respeto a los homosexuales, no es precisamente una historia “color de rosa”. En nuestro país, hay algo de tolerancia, pero se hacen fuertes burlas. Muestra de ello, fueron los titulares en las portadas de los tabloides panameños, cuando Ricky Martín anunció que era homosexual.
“Salió del Closet” es la frase que se utiliza para confirmar lo que “se sabía a gritos”, porque tenemos tan arraigado esto de los estereotipos o lo que tradicionalmente nos enseñan como las actitudes propias del ser hombre o el ser mujer, que esas diferencias se perciben inmediatamente.
Entiendo que cuando una persona dice a los cuatro vientos que es homosexual, estamos ante una acción de liberación, dejando atrás una especie de autonegación. El problema que le encuentro es que en algunas sociedades, como la nuestra, resulta todavía incómodo abordar el tema de la orientación sexual.
Si metemos la religión en todo esto, vale la pena recordar que Dios ama a todos sus hijos. ¿Qué ganamos con juzgar? Si lo que nos molesta es que se ventile este tema, considerado pecado, por temor a que los más jóvenes tengan “malos ejemplos”; pues empecemos por aceptar que los científicos aún no concluyen si los homosexuales nacen o se hacen.
