Responsabilidad y tolerancia
La ciudadanía panameña terminó el siglo XX condenando la intolerancia como método de gobierno. Mientras más intolerante fue la dictadura, mayor fue la respuesta de la sociedad. Por esa misma razón nada puede justificar su reaparición en momentos en que es casi un acuerdo generalizado que la democracia nacional debe incrementar el dialogo y las posibilidades de entendimientos a través de la negociación. La experiencia reciente de Bocas del Toro demostró que cuando se privilegia la fuerza en el tratamiento de problemas sociales, nadie puede garantizar que los resultados se mantengan dentro de los márgenes civilizados. Por razones como esas la comunidad nacional fue dura crítica de los militares y de sus herederos políticos, resulta imposible que a estas alturas algunos críticos de ayer apelen a los mismos métodos, a la rigidez y a la amenaza como mecanismos para ganar autoridad. Nadie discute la necesidad de mantener la autoridad, pero con ese fin la negociación y el diálogo podrían resultar más efectivos que los colmillos de los cuerpos de orden público. El diálogo iniciado para examinar la conflictiva ley 30 debe llegar a acuerdos, en lugar de conflictos. Ambas partes deben mantenerse en la mesa de negociaciones, con el respeto debido y pensando siempre que hay una comunidad nacional observando cada acción, inversionistas extranjeros valorando la paz social de nuestro país. Al final siempre se sabe quién o quiénes han sido los responsables de la paz o la violencia.
