¿Resultó peor el remedio que la enfermedad para Egipto?
Cuando los egipcios fueron a las urnas a principios de año, lo hicieron con la convicción de que las cosas cambiarían, luego de derrocar a Hosni Mubarak, quien gobernó con mano dura el país sin permitir libertades políticas.
Las opciones no eran muchas, el único que parecía que cumplía con las expectativas de la población ávida de libertades y una nueva democracia, era el candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Morsi, quien prometió un gobierno de reconciliación, pero las cosas no han sido así.
A escasos cinco meses de gobierno, ha tomado decisiones que han sido muy cuestionadas por la población y la clase política del país.
Una de las decisiones más cuestionables fue la destitución del fiscal general Abelmeguid Mahmud, lo que es considerado como ilegal y vulnera la separación de poderes.
El emitir un decreto, mediante el cual se precise que sus decisiones sean definitivas e inapelables ante la justicia hasta la entrada en vigor de una nueva Constitución, fue la gota que derramó el vaso.
Los ciudadanos consideran que su modo de actuar es antidemocrático y riñe con las promesas que hizo durante la campaña política.
Ante estos hechos queda claro que la población no admitirá que los políticos abusen del poder que el voto popular les ha dado, y por ello han salido a las calles para hacerle entender que debe rectificar y encaminar el país a la paz y a la democracia que tanto pregonó.
Al presidente Morsi le conviene escuchar la voz del pueblo, que fue el que le dio la oportunidad de gobernar y hacer una administración digna para Egipto.
Debe tomar en cuenta la opinión de todos los sectores, si quiere evitar una nueva revolución que dé al traste con lo poco que se ha logrado y debe entender que el país no soportaría un nuevo enfrentamiento de pueblo contra pueblo.