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Retomemos nuestro papel mediador

Por: Redacción 06/10/2016

La paz de Colombia es la paz en Panamá.  Puede no gustarle, puede pensar que no es así, pero es una realidad que nos supera. Lo que sucede en Colombia es importante para nuestro país y debemos actuar en consecuencia.
El Gobierno colombiano inició un proceso de negociaciones con la narcoguerrilla de las Farc–EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo), con el cual trata de acabar con un conflicto interno de casi 52 años.
No solo la guerra de los 1,000 días dejó huellas en la historia panameña. Esta guerra de guerrillas ha  tenido consecuencias directas en la migración exponencial hacia nuestro país de nacionales colombianos.
Lo mismo ha sucedido con la provincia de Darién y la comarca Guna.  En algún momento, una parte significativa de dichos territorios fueron tomados por los irregulares, que ejercieron su autoridad y sembraron el terror en esas poblaciones panameñas aterrorizadas.  
Los esfuerzos de diálogo en La Habana, Cuba, siempre fueron criticados por el líder opositor Álvaro Uribe y las víctimas de este conflicto, que se sintieron excluidos de este proceso. Esto no habría pasado a mayores de no ser porque el opositor, Uribe, es nada más y nada menos que el anterior presidente de la república de Colombia, quien junto con el también expresidente Andrés Pastrana encabezaron el no del domingo pasado.
Y es que los procesos políticos se desarrollan con actores políticos. De nada sirve la colaboración de actores de cine y novelas, cantantes y organizaciones no gubernamentales, si acciones que afectan la estructura y la historia del Estado no toman encuentra al arco político completo.
No tenía sentido que los dos últimos jefes del actual presidente colombiano, Juan Manuel Santos, se opusieran al acuerdo de paz y se desechara su opinión, y peor aún, la posibilidad de integrarlos a la conformación del acuerdo de paz.
Y ahora, reina la incertidumbre en el país vecino. Y lo peor es que la misma palabra se puede aplicar a Venezuela, con tanta incidencia en nuestro devenir.
Para Colombia, a la hora de la verdad le quedan minutos y el reloj sigue su aterrador conteo.  Espero que los actores políticos colombianos encuentren, por encima de sus diferencias personales y políticas, un espacio para edificar un nuevo acuerdo que sea razonable para todas las partes.
Y es justo en este punto que Panamá debe recuperar aquel papel de componedor de acuerdos y propiciador de entendimientos en la región.
El grupo Contadora, el grupo de Río, los acuerdos de Esquipulas, todas y otras más, son iniciativas que nacen de intervenciones de nuestra diplomacia pasada.
Lamento que el gobierno del presidente Juan Carlos Varela apueste por la cobarde política del avestruz.  Para nuestro Gobierno, lo que sucede en Colombia y Venezuela le parece tan lejano y poco importante como si los mismos sucedieran en un remoto país africano o asiático.
Creo que es un buen momento para que, de alguna manera, nuestro Gobierno cambie esta política inútil y contraria a nuestra tradición republicana.
No podemos esperar a que la situación estalle y tenga graves consecuencias políticas, económicas, sociales y migratorias en nuestro país.
Lo que sucede en Colombia es de enorme gravedad, lo de Venezuela es de incluso extremo. Es el momento de recuperar ese papel tradicional que tanto la región necesita y que los panameños siempre supimos ejercer. 
Ingeniero de Sistemas. Estratega-Consultor político

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Miércoles 22 de julio de 2026