Retorno triunfal de Bachelet
La expresidenta de Chile Michelle Bachelet, con el apoyo de cuatro partidos menores, arrasó el domingo pasado las elecciones primarias de la alianza Nueva Mayoría: registró un 73% de la votación, sobre un candidato independiente, un socialdemócrata y un demócrata cristiano. Por lo contundente de su triunfo y viendo los resultados de la primaria de los partidos de la Alianza, denominación de los partidos de gobierno conservadores con su candidato Pablo Longueira, todo parece indicar que va rumbo a ser elegida nuevamente como primera mandataria de esa exitosa nación latinoamericana.
Para el observador lejano, da la impresión de que en diciembre próximo será una elección aburrida y sin muchas sorpresas. Pero las cosas no son como parecen. Hay una cantidad de consideraciones que pueden influir en la hipotética conformación de gobierno de la expresidenta.
Primero, hay que reconocer que la estrategia de mantener lejanía del desgaste que se produce luego de una derrota electoral dio resultados. Bachelet fue nombrada, en un puesto creado especialmente para ella, como jefa de la Oficina para la Igualdad entre los Géneros, ONU-Mujeres, por el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, en septiembre de 2010. Así, pudo dejar atrás el muy crispado tema sobre el manejo de la situación de emergencia nacional en ese país por el terremoto y posterior tsunami, lo que produjo una larga y tediosa investigación sobre ella.
Librada de este escollo, y ante la incapacidad de la Democracia Cristiana, partido mayoritario de la Nueva Mayoría, para producir un candidato que le pudiera hacer contrapeso a Bachelet, todo indica que, esta vez, tendrá las manos más libres para la designación de un gabinete mucho más cercano a la izquierda democrática, tipo Brasil.
Y en este punto me quiero detener. La Democracia Cristiana de Chile ha sido un fiel en la balanza de los gobiernos de las últimas décadas. Gracias a una buena parte del electorado más conservador de ese partido, la actual coalición de gobierno ejerce el poder.
En esta ocasión, ante su arrolladora victoria y el apoyo reciente del Partido Comunista, es posible que puedan surgir fricciones a lo interno de la coalición opositora si Bachelet no maneja –al menos– con un criterio muy semejante al utilizado en las anteriores experiencias, la conformación de su equipo de campaña y posterior gobierno.
En cuanto a las posibilidades del candidato de gobierno, hay un tema que podemos rescatar para nuestra experiencia local. No hay peor gobierno populista que el populista de derecha.
El presidente Sebastián Piñera, una vez las encuestas comenzaron a reflejar una aceptación a su gobierno en bajada, inició una serie de programas asistenciales y de subsidios que pondrían, en algunos casos, rojos de la envidia a mandatarios como Correa de Ecuador o Morales de Bolivia. El resultado, en un país que entiende tremendamente el carácter ideológico de cada formación política, ha sido aún más desalentador. Muy pocos analistas locales ven alguna posibilidad de que la Alianza logre remontar los magros resultados que se reflejan hoy día en las encuestas.
Ante la posibilidad de elección de Michelle Bachelet, los candidatos presidenciales en Panamá deben trazar estrategias con miras a ampliar la colaboración con Chile, aprovechando el carácter de apertura que le imprimió la exmandataria a su periodo de gobierno, para que podamos tener en los chilenos aliados económicos y de desarrollo, sobre todo en el tema social, educativo y cultural.
El Tratado de Libre Comercio entre Chile y Panamá apenas ha sido explotado por nuestros inversores e industriales. La experiencia chilena de apertura comercial con el resto del mundo y la velocidad con la que la han hecho también es un punto muy importante por destacar en una relación más estrecha entre nuestros países.
Chile es nuestro aliado natural en el futuro. Su crecimiento económico, e incluso el ser un país pequeño (aunque largo en extensión), hacen que esta alianza sea impostergable.
Con todo el cariño que les tengo a mis hermanos centroamericanos, debo reconocer y plantear que solo se crece si vamos de la mano de los alumnos más aventajados de la clase. Para poder ayudar a los menos, hay que ser cada día mejor. Esa debe ser nuestra estrategia como país.
No me quedan dudas de que Michelle Bachelet ganará en primera vuelta en diciembre próximo. A los actuales partidos de gobierno les tocará reinventar sus plataformas programáticas. Y los países como el nuestro, aprovechar esta posibilidad que, de una manera u otra, se nos presenta en el horizonte político de ese país líder sudamericano.