¿Retornos calculados?
Duvalier a Haití, Noriega a Panamá y las sacudidas a los momificados regímenes de Egipto y Túnez, parecen indicar cambios en la arena internacional, pero sobre todo el retorno de una política que había dejado olvidado en el camino a viejos aliados, y en la que se perciben consensos renovados, objetivos específicos y una cartilla donde el Tío Sam, por lo menos, no presenta condiciones de fondo. Son los ejércitos los que, en Túnez y Egipto, han pasado a señalar rumbos como si en el contexto de las viejas doctrinas de Seguridad Nacional se presentara en esos países una peligrosa erosión institucional que pusiera en jaque el propio sistema. Y como en la vieja Roma, todos los caminos apuntan hacia la majestuosa solemnidad de Washington. En “El gran tablero mundial” Zbigniew Brzrezinski señala a Eurasia como uno de los imperativos estratégicos de Estados Unidos en la mantención y consolidación de su supremacía mundial, y al citar al politólogo de Harvard, Samuel P. Huntington, recuerda que “un mundo sin la supremacía estadounidense será un mundo con más violencia y desorden y con menos democracia y crecimiento económico, que un mundo en el que Estados Unidos siga teniendo más influencia que cualquier otro país…” Así que sostener esos imperativos podría pasar primero por los actos de contrición que conllevan los regresos de Noriega y Duvalier, dos décadas y media después, exponiendo en ambos casos, sino pactos acabados, cierto grado de comprensión europea. Parece que 2011 será un año espectacular.
