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Retos de la juventud latinoamericana en 2017

Por: Redacción 23/01/2017

Nuevo año, nuevas expectativas, metas y anhelos. Si bien es cierto el año 2016 consistió en 12 meses cargados de noticias buenas, otras no tan buenas y noticias malas. El año pasado fue importante para América Latina; hubo elecciones en Nicaragua y Estados Unidos de América, nación que no pertenece al bloque latinoamericano pero que influye profundamente en esta región. A su vez, aconteció la desaparición física de uno de los más grandes referentes revolucionarios, Fidel Castro Ruz. Lo indudable es que el año que acabamos de dejar atrás nos continuó enseñando a los jóvenes los grandes retos que tenemos por delante en este 2017, sobre todo en materia de democracia, equidad y participación.

Debemos coincidir que América Latina vive una crisis socio-política. La comúnmente llamada “revolución del siglo XXI” ha seguido carcomiendo la democracia. El típico discurso de “La Patria Grande” ha continuado entorpeciendo las poblaciones latinas, haciéndoles creer en el poder casi divino de los líderes de nuestra región, hecho que nos ha llevado a prolongar el caudillismo y como consecuencia a gastar los recursos del Estado en estatuas, monumentos, bustos...que resultan innecesarios, a su vez, a bautizar cada escuela, hospital, centro de convenciones, parque o piscina de la comunidad con el nombre del líder a los que los mandatarios pretenden se le rinda pleitesía. Si bien es cierto, aquel discurso nacionalista busca “dignificar a los pueblos” pero irónicamente los convierte en más míseros, haciéndolos pensar que aquel líder es indispensable para el país y que no existirá alguien mejor en la historia patria. Es importante recalcar que aquel discurso no tiene fundamento fáctico ni científico, toda vez que sus políticas resultan insostenibles, pero no podemos negar que cala mucho en un porcentaje importante de la población por la pasión que produce. Lo que me lleva a preguntarme: ¿por qué los jóvenes que realmente queremos un país democrático y equitativo, bien informado y educado, donde el Estado no tenga que regalarte lo elemental para vivir, un país donde la política sea transparente, encaminada al servicio a los demás y no un negociado, donde se respeten las opiniones y pensamientos de todos, la libertad de prensa y las garantías procesales no levantamos pasiones también con un discurso apegado a la realidad?

Despertemos pasión por la educación y que sea esta la mejor vía para enfrentar la pobreza, mas no los subsidios. Despertemos pasión por una democracia equitativa donde apoyar un partido político no sea una calcomanía que lleves pegada en la frente y se creen concepciones a priori de nuestras opiniones o forma de ser por el hecho de pertenecer a una organización en específico. Despertemos pasiones por fomentar y exigir a nuestras autoridades que los recursos del Estado no sean utilizados para hacer proselitismo o como un bien propio. Despertemos pasiones por la transparencia al momento de fungir en un cargo público, por defender los medios de comunicación que critiquen al gobierno en turno, pues esto también es democracia. En síntesis, levantemos pasiones por defender a todo aquel que esté siendo víctima de algún abuso del poder del Gobierno o Mandatario ya sea por omisión o comisión. Luchemos de manera inquebrantable contra aquellos regímenes en América Latina que se han convertido en dictaduras puesto que se mantienen en el poder mediante fraudes electorales, que inclusive han tenido la desfachatez de modificar las leyes para maquillar lo horroroso como algo bueno y manejan el país como hacienda propia alegando que: “es la voluntad del pueblo” y, por ende, que atentan contra la seguridad del Continente pero que sobre todo, tienen a nuestros pueblos hermanos sumergidos en situaciones lamentables. Alcemos nuestras voces para solidarizarnos con países hermanos que están pasando peor y así robusteceremos nuestra democracia en un porcentaje importante.

Es de conocimiento de todos que América Latina es la región más inequitativa del mundo y en el 2017 debemos seguir trabajando para que la equidad en las distintas materias sea plena en nuestros países. Es evidente que aquel discurso retrógrada de: “Ámérica para los americanos” debe ser superado por la nueva generación de políticos. Respetemos y conservemos nuestras costumbres y sintámonos orgullosos de la herencia pero por otro lado, apoyemos la inversión extranjera y el turismo. Exijamos la creación de políticas migratorias y laborales que vayan cónsonas con los convenios internacionales de derechos humanos y resulten justas y equitativas para todo aquel extranjero que venga a nuestro país a aportar elementos positivos, a investigar, estudiar, turistear o mover la economía en general. En materia de consumo de alimentos, promovamos el apoyo al productor nacional, creando una cadena cooperativa donde resulten beneficiados tanto el consumidor como el productor, seamos equitativos con la importación, no insistamos en traer de afuera alimentos que se producen en nuestros países, más bien, recomendemos a nuestros mandatarios la inversión en las distintas formas de apoyo al productor de manera que éste se de abasto con la demanda del producto y optemos siempre como primera opción consumir los alimentos producidos en nuestro país. Exijamos y promovamos políticas de protección a lo que los distintos convenios internacionales han denominado “grupos vulnerables” y auspiciemos una sociedad verdaderamente equitativa y no igualitaria, donde las mujeres sean remuneradas justamente por el mismo trabajo que un hombre, y en política, donde ellas lleguen a un puesto público por mérito y no porque exista una norma en el ordenamiento jurídico que exija un porcentaje que muchas veces resulta irreal. Rechacemos las leyes de castigo radical y promovamos más conciliación y centros de rehabilitación eficientes. Deploremos el odio que promueven los mandatarios en contra de algún sector social por tener más solvencia económica y eduquemos a nuestra población para que puedan acceder a tener las mismas riquezas. El progreso no llegará a las Américas hasta que entendamos que no necesitamos igualdad sino equidad.

Lo anterior es imposible sin la fiscalización ciudadana pero más importante, la participación de los jóvenes profesionales no solo en los procesos electorales sino en la política en general, entendiendo que esta última trasciende los escasos meses de campaña. Como bien lo manifiesta la asociación conformada por la Unión Cívica Radical, la Propuesta Republicana y la Coalición Cívica ARI en la Argentina, “cambiemos”, entendamos que somos la generación que debe dar un giro positivo a la forma de hacer política y en que se está administrando el país. Muchos jóvenes se molestan con los políticos y los tachan de ser corruptos; me pregunto: ¿cómo solicitar al electorado escoger mejores funcionarios si estamos escogiendo al “menos malo”? Siendo los jóvenes estudiados y proactivos partícipes de los vaivenes del país, brindamos una opción fresca a la población que está hastiada de los políticos malandrines de siempre y de seguro desplazaremos con argumentos a aquellos que día a día siguen contaminando la política. Aspiremos a una sociedad donde se debata siempre el fondo y no tanto la forma. Adquiramos la responsabilidad de estudiar e informarnos correctamente para que nuestro movimiento de cambio no repita las falencias que tuvo la Primavera Árabe. Preparémonos siempre con la visión de aportar nuestros conocimientos al país, ya sea en el ámbito público o privado pero en favor de los más necesitados. Ayudemos a democratizar las instituciones, autoridades, ministerios y toda organización gubernamental para que los que accedan a los puestos sean los más aptos y no que continúe siendo un requisito ser amigo del presidente o algún alto funcionario. Reduzcamos la burocracia y siempre tengamos presente el fin perseguido. Desenmascaremos a aquellos que se hacen pasar por “pueblo” cuando en realidad su riqueza se compara a la de las monarquías europeas. Exhortemos a más jóvenes que participen, corramos la voz y reinventemos nuestras organizaciones políticas. Promovamos unidad entre nuestra generación sin importar partido político y dejemos de creer que por estar en distintas organizaciones políticas somos enemigos y definitivamente el beneficiado será el país. No apoyemos partidos políticos ni candidatos como si fueran equipos de fútbol, más bien, seamos objetivos y analicemos las cualidades y propuestas de cada uno. Tomemos este año como nuestro y atrevámonos a dar el primer paso.

Por último, debo manifestar mi solidaridad y apoyo al pueblo ecuatoriano que estará escogiendo a su nuevo presidente el día 19 de febrero del 2017 y fungirá esta magistratura por los próximos 4 años. Jóvenes, estemos atentos a esta fiesta electoral y rechacemos la continuación de prácticas antidemocráticas que se han estado llevando a cabo en los últimos años. Mis más sinceros deseos de éxito a aquellos que luchan día a día por un país mejor, donde disminuyan los problemas y, sobre todo, a aquellos jóvenes que se atrevieron a participar por primera vez en esta contienda. El cambio se hace desde adentro.

Estudiante de Derecho

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Miércoles 15 de julio de 2026