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Retos del futuro

Por: Redacción 25/04/2015

El presente se nos escapa, el pasado ya no se puede cambiar, pero el futuro se construye y hay que enfrentarlo desde el positivismo y el trabajo. Esto no significa caer en el regodeo y pensar que vamos por el buen camino y que la solución aparecerá por sí misma con el tiempo. Sirve para ver qué cosas han mejorado y cuáles se pueden potenciar en el futuro.

Cualquier reto es mejor afrontarlo desde la convicción de que es posible y, si es imposible, tardaremos un poco más en conseguirlo. Es fácil caer en la denuncia sin solución alternativa, en la queja por sistema, pero actualmente existen algunas circunstancias favorables para América Latina.

En primer lugar, Occidente comienza a tener una visión más positiva sobre los países del Cono Sur. Recordemos el viaje europeo hace unos años de Evo Morales, presidente de Bolivia. En Sudamérica quizá no se ha mostrado cómo se han tratado estas reuniones en los medios informativos europeos, pero la imagen ha sido de dignidad y respeto, y ha tenido una buena acogida. Lo mismo ha sucedido con Lula, expresidente de Brasil, y, desde entonces, con otros muchos dignatarios latinoamericanos.

En segundo lugar, el progresivo deterioro de la imagen de Estados Unidos, sobre todo desde que desencadenó la guerra de Irak, la invasión de “ayuda” a Afganistán, el cerco de Rusia con un nuevo telón de acero con bases de la Otan desde países miembros de la antigua URSS y el desplazamiento de sus zonas de interés, hicieron que Latinoamérica dejara de ser una región prioritaria para el Gobierno estadounidense. Algo que Obama ha sabido ver a tiempo en las obsoletas relaciones con Cuba.

Los cambios políticos también pueden apoyar esta mejora. Los índices económicos también han mejorado. Cuando se analizan unas cifras como las que a día de hoy sostiene Latinoamérica, podría decirse que existen motivos para el optimismo.

A pesar de que las cifras arrojen cierta esperanza, esta se ve teñida por la pobreza que aún abunda. Este es el reto para el futuro. Latinoamérica tiene varias asignaturas pendientes que no pueden esperar. Una de ellas es invertir en investigación y tecnología para no depender del desarrollo de otros. Apoyar al máximo la educación y la distribución de la riqueza. De poco vale tener buenos índices de desarrollo si solo se beneficia a los más ricos.

El optimismo y la audacia son las respuestas a los desafíos presentes para convertirlos en oportunidades. Si se parte de la confianza, aumentará la autoestima y esta es la mejor vía para lograr los objetivos. Con la autoestima alta, las negociaciones se vuelven más equilibradas: no mendigamos, exigimos lo que nos corresponde. Es el único lugar desde el que se pueden renegociar las reglas internacionales de comercio injusto. Así se pueden poner las primeras piedras para un futuro que, de verdad, puede ser mejor.

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Viernes 31 de julio de 2026

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