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Retos y desafíos

Por: Redacción 21/06/2014

A pocos días de efectuarse el relevo de gobierno, cobran actualidad los puntos expuestos por el presidente electo, Juan Carlos Varela, como obras prioritarias: congelar los precios de una lista de mercaderías de la canasta básica; dotar de agua potable a todo el país; construir servicios higiénicos que reemplacen las letrinas; desplazamiento de unidades policiales para transformar en seguras las barriadas rojas; garantizar el acceso a una educación bilingüe a los miles de estudiantes de escuelas públicas; priorizar la salud preventiva en la política sanitaria; cero tolerancia con la corrupción y el clientelismo político.

Al enumerar los objetivos de desarrollo, propuestos a lo largo de su campaña, se observa la acumulación de tareas de exigente cumplimiento en los cinco años de administración. Sería exagerado demandarle el cumplimiento de las promesas de un día para otro, pero sí se puede reclamar la debida transparencia en medidas como el control de los precios de la canasta básica.

Quienes conocen personalmente al nuevo mandatario señalan que no es notoria su disposición para consultar los aspectos medulares de su programa; la reserva desemboca en hermetismo, y en el mejor de los casos solo admite conversar con un limitado entorno de correligionarios proclives a la adulación.

Es un reclamo colectivo de productores, comerciantes y usuarios la ausencia de consultas sobre el control de precios. Varela manifestó en un discurso: “Estamos convencidos de que las mejores soluciones a los problemas que nos afectan a los panameños surgen del intercambio de ideas con todos los sectores de la sociedad”.

Este es el momento de trasladar a la realidad los discursos de campaña, pero no se ve apertura a consulta, salvo a miembros de cierto grupo económico. De lo poco que se ha filtrado sobre el control de precios se sabe que se planea como una política de emergencia. Los economistas concuerdan en que si no existen fechas de entrada y de salida de controles de precios de alimentos, la emergencia podría convertirse en permanente, lo que acarrearía la creación de mercados negros paralelos que suelen llevar a la escasez y la carestía.

En el programa de Varela no hay menciones específicas sobre medidas de crecimiento económico, al soslayar la necesidad de estabilizar y elevar los índices de inversiones privadas, competitividad, liderazgo económico que hereda de la administración Martinelli.

Contrario sensu, el plan varelista de desmontar agencias de fiscalización de las obligaciones de tributación equitativa, de remover funcionarios de alta categoría para imponer otros nombrados por el gobierno, envía mensajes negativos sobre el futuro de inversiones nacionales y foráneas dirigidas al fomento del empleo.

Tampoco hay conocimiento público sobre el cálculo de las inversiones para ampliar las plantas potabilizadoras por todo el país y el costo de construir una vasta red de alcantarillado, incluyendo la sustitución de letrinas por modernos servicios higiénicos. Habría que examinar el primer presupuesto del gobierno.

El 39% de los votantes respaldó a Varela y confía en el cumplimiento de su promesa de “hacer un gobierno nacional de consenso, de diálogo, que traiga paz y prosperidad a todo el pueblo”. Sin embargo, las negociaciones de panameñistas y perredistas, a espaldas del pueblo, arrojan más sombras que luces.

 

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Viernes 7 de agosto de 2026