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Revolución constitucional

Por: Redacción 02/08/2015

Posterior a la invasión de Estados Unidos de América, en diciembre de 1989, Panamá entró en lo que se conoce como la segunda era democrática, luego de sortear 21 años de dictadura militar, periodo este que fue gobernado de facto por dos oportunistas, Omar Torrijos Herrera y Manuel Antonio Noriega. Desde entonces, Panamá vive una supuesta democracia, porque eso es lo que nos han hecho creer? Creemos que vivimos en democracia por el simple hecho de que podemos votar libremente y elegir a nuestras autoridades. La democracia es mucho más amplia; si la gente humilde y trabajadora, que no ostenta títulos universitarios y riquezas, pudiera participar a cualquier puesto de elección popular con igualdad de condiciones que las grandes chequeras y supuestos más preparados académicamente, viviríamos en democracia.

Si aquellos humildes pudieran solucionar sus problemas básicos en sus comunidades siendo atendidos por las autoridades de altos mandos así como esas mismas autoridades atienden a los ricachones, viviríamos en democracia. Podría enumerar otros cien ejemplos.

Hoy, Panamá vive con un Estado de derecho, sin derechos ganados por méritos, vivimos en un Estado de derechos ganados por palancas, amiguismo y billete? en el que el que más tiene más puede, aunque sea menos capaz que el que nada tiene. Es una democracia discriminativa, selectiva, no funcional y peligrosa, si es que se le puede llamar democracia.

Nuestro Panamá, hoy y desde hace unos 25 años, vive sin líderes políticos y sin partidos políticos, en cambio, ha vivido todo este tiempo con "organizadores políticos" y "empresas políticas corporativas, S.A., no con líderes desprendidos. Hablo de los mandos altos de poder y cúpulas corporativas partidistas, porque en este sistema las bases y adherentes son relleno y mero protocolo legal.

Los ciudadanos decentes, la mayoría, vivimos hoy viendo a los toros desde la barrera en la arena política; toda una generación, tal vez más, los que vivimos sumergidos en el día a día, en el trabajo, en las vicisitudes diarias, sorteando los problemas económicos y los insoportables altos costos de la vida, queriendo ser más que el vecino, rellenándonos de títulos académicos porque alguien nos echó el cuento de que esa es la única forma de ganar más en la vida, generaciones que la escalada profesional les parece más importante que el beneficio colectivo? generación de menos de 50 años indiferente a todo lo relacionado con la administración de gobierno y la estructura jurídica e interinstitucional colapsada que tenemos. Gente esta que fue igual de indiferente en su momento en Venezuela y que hoy se lamenta por no haber aportado al proceso y darle la debida importancia a la revolución ciudadana constitucional y a la profilaxis de políticos corruptos y delincuentes que desangraban económica y deliberadamente su país desde hacía décadas.

Hemos permitido que individuos con insuficiencia mental crónica administren nuestro país? gente esta que podría enumerar y mencionar? pero no, los halagaría. Necesitamos con carácter de urgencia una revolución constitucional que transforme la estructura jurídica de nuestro Estado y que haga nacer nuevamente a Panamá.

Necesitamos eliminar la condición de todopoderoso que ostenta el presidente de la República, condición creada con la única intención de manejar a su antojo los poderes del Estado para concretar y alcanzar sus cometidos, con lo que crea injerencia directa y sumisión, ya que, por el solo hecho de manejar el presupuesto del Estado, los demás jugadores lo siguen y se rinden a sus pies para entrar en la jugada de hacer negocios, el y el tan anhelado juego político del ¡yo quiero ser millonario!

Necesitamos desechar lo existente y destruirlo para dar paso al nuevo nacimiento constitucional. Pero que quede claro, no debe ser bajo la figura propuesta en campaña por el actual presidente? ¡Asamblea constituyente paralela! Y entonces qué, te preguntarás.

La solución yace, como esencia, en el pueblo y en la comunicación? Constituyente paralela, ¡no!, constituyente originaria, ¡sí!... Originaria tal cual su nombre lo describe, de origen, de cuando no existe nada nuevo, sin referencias, de donde emana el poder que permite en un principio la creación de un Estado? "del pueblo"; convocada por el pueblo, con plenos poderes del pueblo, con independencia del poder gobernante existente y con los derechos que solo el pueblo tiene de crear poder político? ¡nunca al revés!

Será largo el cabildeo, informar para influir, para lograr la unificación de criterios sociales y lograr cohesión de pensamiento e ideas políticas entre los ciudadanos. Lo que expongo como modelo de estructura constitucional son apenas algunos conceptos de otros tantos ya considerados y son una propuesta no negociable de mi parte? Seis poderes del Estado. Ejecutivo, Legislativo, Judicial, Constitucional, Electoral y el sexto, del Pueblo.

En la siguiente entrega nos referiremos a uno de estos poderes, el Ejecutivo.

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Viernes 31 de julio de 2026

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