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Reyezuelos de la administración pública

Por: Redacción 12/01/2016

Aquella referencia a la "oscura selva" al inicio de "La Divina Comedia" de Dante Alighieri, que alude al desorden moral y político de Florencia en el siglo XIII, bien puede aplicarse a los límites imprecisos, contradictorios y convergentes que rigen nuestra administración pública en pleno siglo XXI. La actividad administrativa del Estado panameño desde 1903 tiene como su punto de encuentro sus cuatro Constituciones consecutivas más las siete de nuestro periodo colombiano y las múltiples Leyes de Indias del Panamá hispánico, ya que todos estos elementos históricos junto con otros culturales contribuyeron a darle su estructura y personalidad actual.

¿Cómo se rige esta función del Ejecutivo como instrumento de servicio público? El componente normativo está en el marco constitucional panameño de 1972 y en el compendio legal de su régimen jurídico dado el carácter institucional y servicial de esta actividad gestora de supuesto beneficio público.

Esta circunstancia ha creado una pluralidad de entidades gubernamentales, dotadas de personalidad jurídica en la mayoría de los casos, para llevar a cabo esa función pública en sus varios niveles administrativos, que incluyen ministerios, institutos, autoridades y administraciones autónomas, agencias reguladoras, direcciones generales y muchas otras organizaciones, lo que dota a este complejo sistema de gobernanza civil de una naturaleza bastante caótica.

En esto juegan un papel predominante las normas que rigen el comportamiento de los empleados públicos como manifestaciones de poder y de relaciones interadministrativas. La cooperación y coordinación, con un procedimiento administrativo común, libre de toda actividad o injerencia política que lo vinculen al gobierno de turno, debería prevalecer en la gestión pública para garantizar la excelencia de su calidad.

Pero la realidad del entorno es otra, a pesar de su pretendida descentralización, porque ese ejercicio de competencias legales y constitucionales encomendadas al Ejecutivo pone en relieve un diseño institucional que reparte pequeñas cuotas de poder entre sus copartidarios y hace de sus funcionarios reyezuelos de la administración pública, muchas veces con poderes muy amplios y profundos.

Así la actividad administrativa del Estado se convierte en una pieza básica del sistema político partidista, sin legitimidad en la misión encomendada por las leyes y la Constitución. A pesar de ser un Estado notoriamente centralista, vemos que tanto los ministerios como toda la gama de instituciones estatales, salvo muy raras excepciones, usan como símbolo para identificarse el logo particular de su entidad y no el Escudo Nacional, como debería ser, con lo que queda nuestra identidad nacional huérfana de este emblema patrio.

Con esto no quiero localizar el error donde no está, sino dirigir la atención a un mal peor en nuestros valores colectivos: la ausencia, tanto en gobernantes como gobernados, de un verdadero espíritu público que guíe el alma panameña hacia la excelencia. Sin este don perdurable, todos los panameños nos convertiremos en habitantes de esa "oscura selva" dantesca sin un Virgilio que nos ayude a salir de ella.

Economista

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