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Riqueza y hambre


Entre los indicadores que se utilizan para medir el progreso de los países en su camino hacia el desarrollo, Panamá combina extremos inexplicables. Paradójicamente nuestro país puede exhibir con orgullo envidiables índices de crecimiento económico y de competitividad, pero también vergonzosas cifras vinculadas al desarrollo social. Esta situación queda en evidencia cuando se conocen los retrocesos en materia de nutrición, donde a pesar de habernos comprometido en la Cumbre Mundial sobre Alimentación a reducir a lamitad el número de panameños que pasan hambre durante el período de 1990 al 2015, las cifras indican que para el 2006 hay más panameños desnutridos que hace veinte años. Así lo refleja el último informe publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que señala un aumento en el número de panameños que no reciben los nutrientes necesarios para evitar alta mortalidad o pérdidas irreparables en su desarrollo mental. Los resultados de Panamá contrastan con los obtenidos por países vecinos como Honduras y Nicaragua que, sin disfrutar de índices de crecimiento como los nuestros, se están acercando más rápidamente al objetivo de erradicar el hambre entre su población. Se hace necesario trabajar en el área social con programas efectivos que le den sostenibilidad al crecimiento económico, conscientes que el desarrollo con paz social al que los países aspiran, es el balance entre la creación de riqueza y su justa distribución.