Risa y buen humor, remedio infalible
Dice el dicho que la risa es salud, y yo lo creo porque la persona que ríe se siente mejor, aun en los peores momentos de su vida. Cuando se ríe o se tiene buen humor, todo cambia en la actitud de las personas y, de allí en adelante, las cosas o situaciones se facilitan dentro del contexto de la vida de un ser viviente. Cuando una persona sonríe o ríe, sus músculos de la cara se contraen y se relajan, pero trabajan, evitando las arrugas en ese lugar; muchas sustancias del cuerpo actúan positivamente para evitar enfermedades y, ante alguien que no está programado para sentirse mal, la risa solamente evita ese sentimiento en cualquier momento de la vida.
Por el contrario, las personas que no pueden tener una sonrisa a flor de labio son aquellas que siempre tienen un malestar físico, que siempre necesitan conversar o visitar un médico para que les diga que están bien y con todo eso, cuando el médico las encuentra bien de salud, ellas encuentran una pregunta estúpida que hacerle con respecto a su estado físico.
Y aunque parezca mentira, la negatividad se apodera de ese ser y ya no solo en cuestiones de salud física, sino también emocional, haciendo que esa persona se encierre en sus propios males que verdaderamente no presenta, si no, como dicen por la calle, se encierran en su propio yo y se vuelven yoístas para el resto de sus vidas. Las personas que no ríen o no conocen el buen humor, no pueden tener otra conversación que sus males físicos; y lo peor de todo esto es que todas las actitudes de su vida se invierten y se vuelven negativas.
La risa hace que el cuerpo elimine sustancias que hacen mayor la salud de esa persona; pero ellas corren el peligro de que se eliminen si no ríen o demuestran buen humor.
Existen más personas de las que conocemos, que puedes contarle todos los chistes del mundo y no mueven un músculo de sus caras para celebrarlo; en ocasiones porque se acostumbraron a no reír y, por otro lado, porque están tan embebidas en sus propias preocupaciones que no están en ese lugar en el momento del chiste, por lo menos su mente.
Yo me considero con muy buen humor, tanto dando como recibiendo. Toda mi vida me satisfizo contar chistes para estar yo contenta y hacer feliz a los demás. No puedo negar que también tenía mis momentos de mal humor, que no eran pocos, pero sabía sobreponerme y reír con buen humor, si algo agradable sucedía a mi rededor. Eso te indica que yo puedo en un momento dado defender mis derechos que están siendo infringidos, aun levantando la voz, pero no permaneciendo disgustada por el resto del día y levantándome al día siguiente recordando aún aquel mal momento.
Soy de las personas que no guardan rencor y que olvidan fácilmente los momentos desagradables de la vida. Tal vez en una etapa de mi vida, las situaciones desagradables llegaron a ser varias que tuve una úlcera de estómago que casi me conduce a la muerte, habiendo llegado arriba. Ahora con los años, he aprendido más de lo que sabía antes y una de las cosas de ello es no disgustarme por nimiedades que realmente no tienen importancia y sigo aquel refrán que dice: si las cosas tienen remedio, para qué te mortificas; y si no tienen remedio, para qué te mortificas.
Siguiendo esa teoría, ahora, pasados los años, trato de ser feliz en cualquier momento de mi vida y cuando me viene un mal momento, lo destierro de mi mente para que no me moleste en lo absoluto. Por esto recomiendo ser feliz en todas las etapas de sus vidas; reír mucho porque la risa es salud; tener suficiente buen humor para saber sobrellevar las situaciones difíciles y ayudar a aquellas que lo necesitan.
Recuerden que reír es saludable y hacer reír a los demás, aun con tus propias experiencias, es conveniente para cada uno y para los que te rodean. Se nos va la vida y lo que dejamos es lo que hemos hecho por nosotros mismos y por los demás. Sonríe que la vida es bella.