Ronda el peligro
Los últimos asesinatos registrados en las calles de Panamá han tenido que disparar las alertas de los diferentes entes de seguridad.
No todos los crímenes que se han cometido están relacionados con el narcotráfico, que ha sido la justificación perfecta de las autoridades para no poner freno a esta escalada de delincuencia.
Pero si así fuese, entonces retrataría a un país en manos de los carteles de la droga, donde los “tumbes” serían cosa de todos los días y el sicariato caminaría a sus anchas.
Ya lo han admitido las autoridades. Esta última actividad delictiva va en aumento y quienes intervienen en ella cobran desde 100 hasta 10 mil por asesinar a una persona.
Ese es el precio que tiene la vida de un panameño que sale a trabajar todos los días y que, en cosas de segundos, podría ser ultimado sin razón de ser.
Todos los gobiernos han enarbolado la bandera de más seguridad y han basado su efectividad en los números, que son analizados y comparados según el caso que más convenga.
Es cierto que las incautaciones de droga han aumentado y son más que antes, pero los panameños se están acostumbrando a amanecer con dos, tres y hasta cuatro asesinatos diarios y eso no se puede ocultar.
Buscar culpables no tiene sentido en estos momentos, pero siempre se apunta al trabajo “alarmista” de los medios de comunicación como manera de escudar la inoperancia de las autoridades.
Lo peor para un país es que exista la percepción de que sus habitantes sientan temor por salir a las calles.
Esto conllevaría problemas a la economía, al turismo y a la sana convivencia de las personas. El peligro está rondando y eso hay que acabarlo.