Rosa y quema
Cada estación seca en la República de Panamá se ve por doquier, luego que pasamos el Puente de Las Américas, las virutas negras flotando en el aire y el inefable olor a monte quemado y muchas veces hay que detener el auto porque no se ve la carretera, llena de humo por las rosa y quema de monte para la agricultura y la ganadería.
La rosa y quema es una tradición ancestral de nuestra campiña, de nuestra gente de campo, del campesino que para recuperar terrenos y rastrojos, le prende fuego en el abrasador verano o estación seca, otros incendio son producto de la combustión espontánea señalan algunos, que no me lo creo.
El problema es que esta práctica es lesiva dañina, perniciosa para la naturaleza, para el medio ambiente y para el agricultor mismo, que ve año tras año de quema y rosa que el suelo se empobrece y los resultados de la agricultura serán cada zafra o cosecha... más pobre.
El bosque es eliminado por medio de la quema, lo que afecta principalmente la parte de biomasa que está sobre la tierra y una pequeña parte del carbono en el suelo, hasta 3 cm de profundidad. La quema y la mineralización de la materia orgánica resultante proporcionan nutrientes para el crecimiento de las plantas.
Supongo que hace unos 20 o 30 años esta práctica quizás no era tan dañina, perjudicial y empobrecedora, ya que las hectáreas afectadas eran mínimas, pero hoy el territorio nacional esta parcelado a escala sin precedentes, que de seguir esa práctica el istmo será una sola pira cada verano. Uso que hay que atajar a tiempo. De ello conversé someramente con Julio Cesar Castillo, Director de la Oficina de Protección y Calidad Ambiental de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), quien me dijo que ésta institución cada año activa varios programas tendientes a evitar la nociva practica, vigilando, proveyendo material informativo, ilustraciones en las ferias, programas de reforestación, apoyando a los agricultores con sugerencias y apoyo al campo.
Hace unos años diez comunidades del distrito de Capira formaron once grupos de trabajo para cambiar los métodos de producción y conservar los recursos naturales de la cuenca hidrográfica del Canal de Panamá. La Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), conjuntamente con la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), asesora a los campesinos que forman parte del proyecto para la conservación de la cuenca hidrográfica canalera, con efectos positivos. También hay programas en Chiriquí, Coclé y Los Santos.
En Panamá se venían devastando grandes extensiones de tierras, pero en los últimos 5 años esta tendencia se ha reducido en un 20% aproximadamente, lo que según Julio César Castillo, de seguir esta tendencia y me señala con optimismo, en pocos años esta práctica arcaica de cultivo será erradicada para beneficio del país.
