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Ruido en el mensaje


Hace poco menos de un año esta administración no cuenta con una figura, nombrada en propiedad, que represente la vocería oficial del Estado.

En materia de comunicación, craso error, pues este profesional contribuye, entre otras cosas, a brindar a los medios y a la ciudadanía un mensaje claro y uniforme.

Luego de la ruptura de alianza entre los partidos Panameñista y Cambio Democrático, tras la destitución del canciller y líder del colectivo fundado por Arnulfo Arias, se ha desatado un cruce de reproches y acusaciones de corrupción entre altos directivos de los dos colectivos.

Cada funcionario maneja su verdad sobre las causas que provocaron la salida del exjefe de la diplomacia panameña, que van desde el descuido en sus funciones, una grabación suministrada al presidente, el choque abierto con uno de los diputados, la titulación del terreno en Paitilla a un florista, entre otros.

Tras 12 días de desatada la crisis política, el partido en gobernante ha dejado su vocería en manos de la ministra de la Autoridad de la Pequeña y Mediana Empresa, cuyas desatinadas declaraciones día tras día, poco favor hacen para restablecer la paz por un mejor Panamá.

Sus constantes rajadas de tabla y a destiempo contra sus exaliados solo confirman el inexistente debate político en el país.

O la funcionaria es escasa de mente o, por su pasado perredista ha sido escogida como la tonta útil dentro del gabinete para salir a despotricar contra sus adversarios, sin darse cuenta del pobre papel que representa como figura y como dama.

Si el Gobierno insiste en cometer el error, al menos unifique criterios para evitar los ruidos que distorsionen el verdadero mensaje.