Rumbo a la Navidad con optimismo
Una de las cosas más interesantes de llegar a diciembre es que, normalmente, se hacen balances y cuentas de lo que se hizo durante las 52 semanas pasadas. Y la verdad es que los pronósticos eran bastante más complicados de lo que al final sucedió. Y eso se debe a que los panameños ya hemos decidido no dejarnos, pelearlas todas y ser cada vez mejor.
Pero se puede mejorar. Nuestra voluntad de cambio debe ser cada día mayor, incluso, debe llegar a quienes aún no lo han logrado. Esos que manejan por los hombros, que pagan coimas para mover documentos y hacer trámites en el Gobierno, esos que no paran en las luces rojas o las líneas de seguridad, los que se la tiran de vivos y tienen "oficial y alternativa". Todos estos deben entrar en la onda del siglo XXI, de la transparencia, la lucha por mejorar el clima y que cada vez tengamos mejor calidad de vida.
VOLCAR EL PAÍS A CREER. A CREER EN SU GENTE, EN LA POSIBILIDAD DE HACER LAS COSAS SIN DEPENDER DE UN ESTADO PATERNALISTA NI ORGANIZACIONES POLÍTICAS CLIENTELARES, A QUIENES RECURRIMOS PARA EL NOMBRAMIENTO DE CANTIDAD DE FAMILIARES.
Ahora nos toca dar el cambio cultural. Insistimos en encasillar en clases sociales a quienes usan determinado tipo de transporte público. A mí me toca ver personas que usan su carro para transitar solo unos metros. O quienes para subir un piso utilizan el elevador.
Recuerdo haber tenido la oportunidad de visitar un colegio particular, muy de vanguardia, que a sus estudiantes ofrecía en su cafetería algo que parece raro, pero así era: comida. Comida casera bien cocinada. En cambio, ese mismo día fui a un colegio público, y la cafetería rebosaba en papitas, galletas y otros productos procesados. No todo pasado fue peor. La comunidad educativa debe volver a serlo y eso debe incluir la alimentación de nuestros estudiantes. Este próximo año, el cambio a colegios de un solo turno nos da a entender que vienen cosas mejores para los nuestros.
Lo mismo con la gente que la pelea cada día en las pequeñas y medianas empresas. Cada vez se entiende más que una economía en un país como el nuestro no puede depender de multinacionales y grandes industrias, por lo que es necesario incentivar la pequeña empresa y a los nuevos empresarios. Pero no los de paraguas y subsidios. Los de conocimientos y apoyos financieros tutelados con asesoría estatal de calidad. Con un Estado vigilante que no se le asfixie con impuestos draconianos ni medidas restrictivas que solo benefician a unos pocos.
Volcar el país a creer. A creer en su gente, en la posibilidad de hacer las cosas sin depender de un Estado paternalista ni organizaciones políticas clientelares, a quienes recurrimos para el nombramiento de cantidad de familiares. A pesar de aquella doctrina errónea y malvada del ministro ocurrente de siempre de que no es nepotismo si "el familiar es competente", la mayoría de los panameños nos hemos aferrado al civilismo, y ya rechazamos sin dudas a quienes creen que el Gobierno es para utilizarlo como finca familiar. En esto, hemos avanzado.
Muchos dirán que vivimos una época de "tortuguismo" gubernamental, pero debe agradecer la estabilidad institucional, la calma en las calles y la posibilidad de desarrollo de la libertad de expresión en el país.
En general, los panameños no hemos sido tan pesimistas como se pensaba. Incluso, esta posibilidad de que el llamado fenómeno de El Niño, al cual hemos enfrentado con coraje, y las consecuencias han sido lo suficientemente pocas para que nos podamos felicitar como país. Pero esto también significa un compromiso con el ambiente. Empecinarnos en dejar en paz el tapón del Darién y acabar con la tala de árboles indiscriminada. Trabajar fuertemente en que el Arco Seco deje de serlo de una vez por todas, lo cual, es cierto, nuestra generación no lograría ver las consecuencias, pero las venideras nos lo agradecerán eternamente.
La demagogia sí es una asignatura pendiente que debemos trabajar más. La patria boba es un muy lejano recuerdo que solo está plasmado en pocas páginas de los libros de Historia. Sigamos aprendiendo del comportamiento lamentable de políticos y dirigentes que piensan que cuando los votamos, lo hacemos con un cheque en blanco para que nos sometan y se comporten de manera despótica y poco importa. Comprendamos cada día que estos comportamientos solo pueden ser erradicados por nosotros mismos, castigando estas conductas con la negación del voto a la hora de las elecciones. Así, enviaremos al ostracismo del olvido político a quienes no son fieles a sus propias promesas de campaña y los juramentos ante el altar de la Patria.
Nos queda reflexionar y trabajar por nuestra familia y su bienestar.
¡Feliz Navidad!
Ingeniero y asesor en estrategia política.