Sacerdocio jesuita: caminar con el tiempo
Dejé de colaborar con mi pasada columna dominical por asuntos de salud, no sé hasta cuándo seguiré y hasta cuándo me seguirán hospedando en este prestigioso periódico. Aun cuando lo litúrgico eclesiástico suele ser mi tendencia, incluyo hoy información a la pregunta que nos hacen hoy a los jesuitas sobre el papa jesuita, Francisco. Aquí tienen la información autorizada.
“Con el papa Francisco”. Es el título de la carta que el P. general ha dirigido el 24 de marzo a toda la Compañía, subrayando que “es un hecho evidente que toda la Iglesia está mirando y escuchando, con gran expectativa, los gestos y palabras del nuevo papa. Se constata de forma muy palpable un clima de esperanza. Se ha dado un encaje perfecto entre esta esperanza y el nombre de Francisco que el papa eligió, como profecía de la renovación y reforma que la propia Iglesia desea de todos nosotros”.
Poco después, recordando el encuentro personal que tuvieron el 17 de marzo, añade: “El papa Francisco se siente profundamente jesuita y así lo ha manifestado en diversas ocasiones a lo largo de estas fechas. Un signo evidente lo encontramos en su escudo papal, además de en la carta, tan cercana, con la que el pasado día 16 ha respondido a la mía del día 14”. La carta reafirma la adhesión de la Compañía al nuevo papa: “La Compañía sigue unidad al santo padre en la persona del papa Francisco, a quien tenemos por superior. Ante las complejas cuestiones y problemas que habrá de afrontar, nosotros jesuitas, sus hermanos, tenemos que reafirmar nuestra adhesión al santo padre y ofrecerle, sin condiciones, todos nuestros recursos y toda nuestra ayuda, sea esta teológica, científica, administrativa o espiritual”.
Y concluye: “Solo desde esta actitud podremos colaborar en la edificación de una Iglesia “pobre y para los pobres”, que crezca cada día más según el corazón de Dios y de su Hijo Jesús. Sin triunfalismo alguno, pretendemos explicitar, con renovado impulso y fervor, la cercanía de la Compañía con nuestro hermano Francisco. Esta es la ocasión de responder a su petición: orar con él y por él.
Como amigos en el Señor, aspiramos a acompañarle en su camino de Cruz y Vida y, conforme a nuestra espiritualidad eclesial, deseamos ponernos a disposición con el sentimiento de alegría y de confianza que está viviendo toda la Iglesia”.
Existe mucha literatura sobre el tema de los jesuitas y el papa Francisco que posteriormente trataremos de compartir, pero quisiera mas bien sintonizar con la realidad que estamos viviendo en estos días litúrgicos del Espíritu Santo.
Unánimemente nuestros presbíteros han expresado su satisfacción espiritual al ver cómo en las distintas parroquias se celebró la fiesta de Pentecostés con gran afluencia de fieles a las celebraciones, tanto de la Vigilia como de la misma fiesta de Pentecostés.
Me llamó la atención el editorial del rotativo católico en el que se hacían ciertos cuestionamientos al feligrés panameño sobre la aplicación de la fiesta de la venida del Espíritu Santo sobre nosotros celebrada todos los años.
Vivimos una realidad fervorosa dentro del templo y en cuanto salimos de él, como que no hubiera pasado nada. De todas maneras no es fácil sentir el Espíritu Santo, [B]Agion Pneuma[/B], no cualquier moción interna es el Espíritu.
Encontré un escrito que contiene sugerencias válidas como un ejercicio para tratar de sentir el Espíritu Santo. Vivir Pentecostés. Es pedirle a Dios que nos ayude a construir la gran familia de la Iglesia, es orar a Dios para sacar de cada uno lo mejor de nosotros mismos. Vivir Pentecostés es leer la Palabra y pensar “esto lo dice para mí”.
Vivir Pentecostés es comer la Eucaristía y sentir el milagro de la presencia real de Cristo, vivir Pentecostés es rezar y palpar con escalofrío el rostro de un dios que nos ama.
Pentecostés es el Dios invisible, el Dios que camina hasta el día en que nos llame a su presencia, el Dios que nos da nuevos bríos e ilusiones, el Dios que nos levanta cuando caemos, el Dios que nos une cuando estamos dispersos, el Dios que nos atrae, cuando nos divorciamos de Él. Pentecostés entre otras cosas, es valorar, vivir, comprender y estar orgullosos de todo lo que nos prometió Jesús de Nazaret. ¿Cómo? Dejándonos guiar por el Espíritu.