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Saldo negativo de un leseferismo campante

Por: Redacción 25/09/2015

Reza un dicho que la naturaleza pasa factura, y lo hace de tal manera que deja daños considerables entre pérdidas de vida y bienes, además, un ambiente de zozobra, de mucha angustia e incertidumbre. Los últimos aguaceros en la ciudad dan cuenta de lo anterior; pero lo que más incomoda de esta situación es la acción del propio hombre, que no repara y mide las consecuencias de su obrar y con ello colabora, creando condiciones para mayores desastres.

Razones tienen los estudiosos del tema ambiental cuando señalan que no siempre las embestidas de la naturaleza, reclamando espacios perdidos, se deben a ella, sino a la acción del hombre, que en desmedido apetito de poder y lucro abona a la destrucción de nuestro hábitat, y pierde de vista que en ese proceso se destruye a sí mismo.

Hasta la saciedad, décadas perdidas, se ha venido sosteniendo que el sobrecalentamiento del planeta es obra de un sistema que hace énfasis en la destrucción de nuestro entorno ambiental. Se talan miles de bosques y manglares, y se afecta con ello la reproducción existencial de la madre Tierra. Los ríos, hoy en el mundo, no se secan o desaparecen porque así está destinado naturalmente; todo lo contrario, la complicidad humana por lo general siempre ha estado presente.

...HAY SITUACIONES PRODUCIDAS POR LA RELACIÓN HOMBRE – NATURALEZA QUE HAN SIDO Y SON PREVISIBLES, PERO SE HA ACTUADO CON UNA IRRESPONSABILIDAD QUE RAYA EN LA IRRACIONALIDAD.

Aproximadamente dos meses, en un artículo de opinión, señalé que el corregimiento de Juan Díaz y las aéreas conformadas por alturas montañosas son de alto riesgo. Algunos científicos, como Stanley Heckadon, y otros ambientalistas han escrito en abundancia sobre las consecuencias de la destrucción de nuestros bosques y la cuenca del Canal, en torno a la zona de manglares y su función o al igual sobre la necesidad de proteger las zonas de corales submarinos.

Hay situaciones producidas por la relación hombre – naturaleza que han sido y son previsibles, pero se ha actuado con una irresponsabilidad que raya en la irracionalidad.

El costo que se paga por lo anterior es alto. Ojo con endosar culpa a los ciudadanos; estos desenfrenos han sido más obra del contubernio poder económico y gobiernos. Lo anterior es fácil de probar, calamidades como la Juan Díaz, Condado del Rey, Samaria, eran previsibles. Tenemos que acabar con esa política de dejar hacer y dejar pasar.

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Miércoles 29 de julio de 2026

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