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Salud igual para todos

Por: Redacción 28/06/2016

El lema que titula este artículo de opinión, más que ser un eslogan debe ser el cometido y compromiso de todo gobierno con la salud de sus ciudadanos, tal como lo establece la Constitucional nacional. No obstante, en nuestro país se ha hecho costumbre la práctica de los lemas publicitarios de corte propagandístico, vacíos y carentes de verdadero contenido social y educativo. Me motiva escribir este artículo la triste experiencia de una de mis estudiantes universitarias cursando los últimos años de su carrera profesional, con dos hijos adolescentes en etapa escolar y con esperanzas de concluir su carrera universitaria. Son las incongruencias de un sistema inhumano que se expresa en inequidad y ausencia de oportunidades para unos y para otros, lamentablemente siempre en perjuicio de los más humildes, el pueblo.

El esposo de mi estudiante sufre una crisis de hipertensión de un momento a otro y es llevado al hospital Nicolás Solano de Panamá Oeste de emergencia por su esposa, mi estudiante, el lunes 20 de junio del presente año. En sala de urgencia se da la atención primaria, luego del diagnóstico, se le comunica a su esposa que el mismo debe ser trasladado a Panamá, para realizarle un examen más especializado con el que el hospital Solano no contaba; mientras el enfermo queda en urgencia en espera de ser trasladado, de “emergencia” hacia Panamá, la espera se prolonga, como es cotidiano en nuestros hospitales públicos, y la condición del enfermo se agrava, porque al comenzar a percibir los síntomas de hormigueo y falta de sensación en los miembros, como es lógico y normal, en una condición como la del paciente, su estado emocional va generando mayor tensión complicando su estado por falta de oxígeno a lo que sobrevino el paro cardíaco que fue fulminante.

Las razones que aducen los funcionarios de turno en la sala de urgencia, es que hay una sola ambulancia y que llegó una mujer embarazada con necesidad de ser también trasladada hacia Panamá, lo que hizo que se decidiera llevar a la embarazada primero. De lo anterior, nos queda solo esperar en Dios que la mujer embarazada y su bebé hayan tenido la suerte de superar la condición de salud que les aquejaba y que hayan conservado la vida. Solo así, valdría el sacrificio hecho por la vida de este hombre, también padre de familia, con dos jóvenes hijos aún por criar y educar. De lo contrario, estos y otros dilemas de vida o muerte son las condiciones que se viven en nuestros hospitales públicos día tras día.

¿Cómo es posible que un hospital regional tenga tan poca capacidad de atención? ¿Que no cuente con los recursos básicos, los exámenes especializados, los vehículos necesarios, de acuerdo con la población que atiende y las estadísticas de urgencia que manejan? ¿Que brinden cero probabilidades de vida para condiciones completamente superables como es la estabilización de un paciente hipertenso a quien se le presenta un cuadro de shock propio de su condición? ¿Que sea tan paupérrima la respuesta que pueda dar un personal médico, entiéndase, doctores, enfermeros, auxiliares, laboratoristas para realizar su trabajo y aplicar sus conocimientos los que con esfuerzos han logrado adquirir?

Puedo imaginar el grado de impotencia que pueden y deben sentir los funcionarios del hospital ante estas situaciones diarias, en donde el lema debe ser, en este hospital, “a menos que sea una enfermedad terminal, no se nos muere un solo paciente”, y que con esa pasión y propósito laboren exigiendo de las autoridades soluciones no solo en aumentos de salario, sino en mejores condiciones de su lugar de trabajo para poder brindar de manera eficiente, oportuna y exitosa atención de salud a los pacientes que acuden a los hospitales porque lo necesitan no porque estén sanos. Nadie quiere ni desea ir o estar en un hospital, menos cuando tenemos familia que depende de nosotros. Ojalá que este artículo pueda producir el efecto positivo en nuestras autoridades y gobierno que fueron electos precisamente para dar soluciones y mejorar las condiciones de sus ciudadanos, no lo contrario.

Docente

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