San Miguelito, desde la trinchera
En Río de Janeiro tienen una máxima: “Quien tiene miedo de vivir, no nace”. Y es que el miedo no es extraño en una metrópolis donde –como la retrata la película “Ciudad de Dios”– las muertes violentas no son ni heroicas ni románticas y se juega al fútbol con una pistola en el bolsillo. Pero cuando se habla de turismo, el matiz del cristal con que se mira a la ciudad inmortalizada en la canción “Muchacha de Ipanema” pasa del oscuro de las páginas policiales al transparente del cielo de verano.
Lo que desnuda aquella realidad que muchos cariocas sobreviven y que los medios se encargan de imprimir a diario, en Panamá comienza a ser cotidiano allá entre lomas y gente esforzada de San Miguelito.
Limpio y bien vestido, un menor de doce años parece un niño. En los colegios particulares, sus madres los recogen para comprar dulces en Multiplaza. En sus cumpleaños rompen piñatas con una furia que apenas alcanzaría para quebrarle el ala a un pajarito. Estos otros, los niños de barrio, en cambio, se conocen la calle y la noche de memoria, y aunque algunos de ellos creen que lo saben todo, y otros mayores prefieren convencerse de ello, en el fondo son iguales a esos otros niños con olor a talco y de pieles caucásicas. Y es que cuando se habla de los delincuentes suele olvidarse la frágil humanidad detrás de esa categoría con que la sociedad condena a sus agresores.
Pero hay un tope. Lo de las madres-abuelas de 26 años, el aumento de casos de enfermedades venéreas y la balacera en Calle K –una de tantas con menores involucrados–, demuestra que es hora de actuar. En este populoso distrito abundan pandillas y bandas dedicadas al narcotráfico de amplia billetera, capaces de poseer armas de grueso calibre, incluso superiores a las que utilizan las autoridades.
Ya se dijo: en la Asamblea Nacional reposa una propuesta de educación sexual. Reiteramos: el Meduca en conjunto con el MINSA y los miembros de la sociedad civil deben encontrar solución a este flagelo que tiene secuestrado, enfermo y con miedo a San Miguelito.
