Santos y sus no tan santos adversarios
"Colombia se escribe con C de coco, colorido, contraste y concordia. La paz ahí se construye con P de polémica, políticos, podrido y pasado. Cuánto nos hace falta la A de armonía, amistad, arreglo y amor".
Los latinoamericanos somos pasionistas y proclives a descalificar todo lo que no sea obra personal, desconocemos los triunfos sociales porque estos no se titulan con nuestros apellidos. No descubro un nuevo planeta con esto, pero sí procuro alertar a nuestra población de la inminencia de un ataque anormal e innecesario de los advenedizos de todas las eras, a quienes les tiene sin cuidado que seamos víctimas del circunloquio del conservadurismo en desuso. La Gran Colombia no es un mito, todo lo contrario, representa la más auténtica expresión de lo que deberemos ser, quizás no como originariamente fue concebida, es decir, un club de naciones que conformarían un Estado, probablemente seremos una nación con intereses comunes, a pesar de las políticas de sus Gobiernos.
El belicismo apaciguado en las envidias de Pastrana y Uribe no nos es indiferente, por tanto, conocemos perfectamente que sus alocuciones contienen el germen del "¿Por qué no fui yo?".
Mi recomendación a ambos exgobernantes gira en torno a inquirirles el sacrificio supremo: "Menos ego y más colombianidad", hecho que se traduciría como: "La paz es de todos, la disfrutaremos todos y será conservada con el apoyo de todos". No hay segundos puestos ni primeras filas. Santos es un servidor público encargado de recibir y llevar a buen puerto nuestros anhelos, por eso, su éxito es el de ustedes y el nuestro. Nada avanzamos continuando en la confrontación, ustedes tuvieron su momento histórico y lo hicieron lo mejor que se pudo, pero ya les pasó el tren de la oportunidad.
La guerrilla debe comprender que los caprichos se cobran caros. Su intención de retardar la firma de la paz obra en contrasentido con los legítimos intereses populares. Pilar sobre una constituyente riñe con la legalidad.
Nada obtendrán en esa vía, perderían el apoyo de sectores con los cuales deben contar para su iniciativa de ingreso al ruedo político-electoral. La opción insurreccional en Colombia es inviable, el país los necesita vivos y no muertos. Les corresponde jactarse de humildad revolucionaria. Ya nada ni nadie los reclama en las montañas o en la selva, desde esos epicentros solo los rodea la duda del secuestro, el narcotráfico y el terror.
Sabemos de los riesgos por enfrentar, de lo difícil que será que a los que viven de la guerra les interesen las alamedas del diálogo, pero díganme compañeros ¿se puede amar la vida sin vivirla, la paz sin disfrutarla y sin riesgos?, la respuesta inexorable es no, por ende, qué teméis; si para ir al monte se requiere de valentía, para estar en las ciudades es necesario arrojo.
Cuenten con nosotros. Santos tiene adversarios y no son ustedes, son los mercaderes de la violencia, ellos desean que todo se retarde o se anule. No podemos concederles espacios a su intransigencia.
En los Estados Unidos de América hay adversarios de Santos, esos que han vendido armamento y tecnología para que los colombianos se maten, vistiendo la transacción como ayuda contra el terrorismo. Son los mismos que habilitaron las vías de la intolerancia política, monstruos acicalados y perfumados cuyo propósito fue, es y será enriquecerse a cualquier costo, así fuere nuestra sangre.
Santos habrá de refrenarlos o su legado se teñirá de gris. De todos menos los primeros o los últimos no representan la razón ni el destino, por ende, tiene sentido firmar la paz para construir un nuevo, mágico y justo porvenir. Dijimos no a la explotación y al abuso de las oligarquías, no seamos ahora el prototipo de lo que criticábamos. No se debe, no se puede ni será.
Los demonios conspiran, se reúnen, se preparan a darnos un zarpazo y aniquilarnos. No debemos temerles, pero mucho menos consentirles logren sus objetivos. Ayudemos a Santos a combatir a sus no tan santos demonios.
Abogado