Saqueos y caos
Los que intenten justificar los hechos violentos que sacudieron la provincia de Colón deben tener presente que la mayoría de los protagonistas cometieron delitos graves.
Las imágenes fueron muy claras y desvelan cómo actuaron muchos delincuentes que aprovecharon las protestas para saquear y vandalizar locales comerciales.
Centenares de personas inocentes fueron asaltadas y la ciudad quedó convertida en un campo de batalla.
Sin ninguna clase de vergüenza, los líderes de estos disturbios, en su mayoría dirigentes de partidos opositores, alentaban a las personas a tomarse la ciudad y desobedecer a las autoridades.
Los reportes de inteligencia confirmaron que muchas pandillas utilizaron armas de fuego para atacar a la policía, mientras las principales calles de Colón quedaron por varias horas sin vigilancia policial y a merced de esos grupos criminales.
La discusión del proyecto de ley que permite la venta de tierras en la Zona Libre de Colón tendrá un impacto sobre esa provincia y generará cambios importantes en ese emporio comercial.
El derecho a protestar y oponerse a esta iniciativa es válido, pero no es admisible lo que ocurrió en los dos últimos días.
Algunos malos ciudadanos se encargaron de destruir parte de la ciudad de Colón y de atentar contra los propios colonenses.
No se trata de salir a las calles a pedir más apoyo y subsidios para Colón, sino de salir a trabajar para sumarse al desarrollo de esa provincia atlántica.
Todos los ciudadanos de este país deben aportar a su crecimiento, sin depender siempre de la ayuda estatal.
Los primeros que deben velar por un mejor futuro para Colón son sus habitantes. La violencia no es excusa.