Se abre la tierra
En los campos de producción de Panamá se respira preocupación. Las actividades agrícolas tradicionales han reportado una caída espantosa en los últimos años.
Las condiciones del mercado de consumo local son complicadas y es un hecho que la apertura de los mercados internacionales también ha tenido su impacto sobre la producción criolla.
Los importadores han aprovechado las ventajas de ingresar al país toda clase de productos de alto consumo, al margen de las cuotas establecidas por Panamá ante la Organización Mundial de Comercio.
La necesidad de tener a disposición del consumidor alimentos más baratos ha obligado al Gobierno a reducir aranceles y en ocasiones llevarlos a cero.
Eso ha incentivado las importaciones, pero ha mermado la capacidad de comercialización de los productos nacionales. Cuando se revisan las estadísticas es fácil concluir que al aumentar las importaciones no necesariamente se reducen los precios al consumidor.
Es vital reforzar la política agropecuaria del país. Está muy claro que la tendencia mundial está encaminada a la apertura de fronteras.
Panamá es una de las economías más sólidas de América Latina, su actividad económica va en crecimiento. La estrategia del Gobierno en materia agropecuaria debe ser revisada. No tan solo se trata de financiamiento y préstamos blandos, sino de reenfocar actividades condenadas a desaparecer por la falta de mercado o por la alta competencia internacional. No es buena idea depender 100% de las importaciones, si consideramos que los principales países industrializados enfrentan serios problemas con sus economías. Cientos de familias dependen del sector agropecuario, por lo que es un asunto para considerar.
