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Se acerca la Navidad

Por: Redacción 18/12/2013

Marisín Villalaz de Arias /Médico (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Como todos los años, celebramos el nacimiento de nuestro Señor Jesús, fecha que marcó el inicio de nuestra religión católica y que mantenemos como costumbre en todo el mundo. Cuando era niña, recibíamos pocos regalos, pero teníamos la costumbre de vestirnos de pastoras y pastores en Las Tablas, veníamos por la calle cantando villancicos españoles hasta la Iglesia a presentar obsequios sencillos al niño que había nacido.

Siempre escogía un bello gajo de cuatro naranjas del patio de mi casa y le recitaba: Como pastora que soy/ venida de la granja/ al Niño Dios le traigo/ esta ramo de naranjas. La verdad era que la emoción sobrepasaba los sentimientos que me embargaban en ese momento. De allí nos íbamos a casa a esperar que ese Niño Dios llegara con cualquier regalito de Navidad.

¿CUÁNTO AMOR O ATENCIÓN BRINDAN A ESOS HIJOS QUE LUEGO QUIEREN SUPLIR CON JUGUETES Y REGALOS CAROS?

¡Cómo han cambiado las cosas! Los niños desde pequeñitos no creen en el Niño Dios, sino en Santa Claus, cuando aún creen; los padres los llenan de juguetes que, a veces, ni usan durante el año, pero que les ha costado una fortuna. ¿Y de quién es la culpa? De esos padres que, muchos de ellos no han atendido correctamente a sus hijos, no les han dado el amor que necesitan y para esta fecha quieren suplirlo con juguetes inútiles. Esos son los padres ricos o que pueden hacerlo. Pero aun los padres más pobres se endeudan para satisfacer caprichos de sus hijos que, muchas veces, han sido ingratos con sus padres durante el año y para Navidad exigen el gasto desmedido de los mismos para que cumplan con ellos. Los padres gastan hasta lo que no tienen, a veces sus ahorros del año, para complacerlos.

Lo material se esfuma, se pierde, se gasta; en cambio, lo pasional se recuerda con más énfasis si se sabe dar. El consumismo nos está acabando y lo hemos copiado de otros países donde las entradas pecuniarias son más altas que las nuestras. Nos estamos acostumbrando a las compras innecesarias, solo por el hecho de comprar y darnos lujos que, a veces, no podemos pagar. El mejor ejemplo lo tenemos en el recién adquirido “viernes negro”, imitando a los Estados Unidos, día en que no se puede ni caminar en los centros comerciales ni menos estacionar un auto porque la gente se vuelve loca, aunque quede limpia en bola por gastárselo todo. Lo peor es que, en muchas ocasiones, compran cosas porque están a precios muy atractivos y que ni siquiera necesitan; llegan luego a sus casas y enchecheran la misma con inutilidades, pero que, en un momento de ceguera, compraron por comprar. El dinero que se gastan los panameños en esos días y durante el Día de la Madre y Navidad, hace solo ricos a los comerciantes que saben cómo llegarles a los clientes insatisfechos por no haber podido comprar más.

El consumismo es una enfermedad que, en muchos, no tiene remedio ni hay medicinas que pueda contra él. Y pienso que, habiendo tantas necesidades en el mundo y en nuestro país, demos un poco más a los necesitados y enseñemos a nuestros hijos a no gastarse todo en un solo día.

DALE AMOR, COMPRENSIÓN, APOYO Y VERÁS CÓMO NO NECESITAN LO MATERIAL. OFRÉCELES EDUCACIÓN, EXPLICACIÓN A SUS INCÓGNITAS Y VERÁS LA RESPUESTA CUANDO SEAN HOMBRES Y MUJERES ADULTOS.

Yo pregunto repitiendo, ¿cuánto amor o atención brindan a esos hijos que luego quieren suplir con juguetes y regalos caros? Hay que enseñarles que no se puede comprar, aunque se tenga el dinero, todo lo que el niño desee porque los niños y jóvenes son insaciables. Estamos formando generaciones que no viven por etapas como lo hacíamos nosotros, con la ventaja de que, cuando nos llegaba el tiempo de la próxima, la disfrutábamos enormemente. Yo tuve mi primer auto cuando vine graduada de médico y no me lo regalaron mis padres, lo compré yo con el salario de hambre que ganaba; pero lo gocé muchísimo porque lo compré con sacrificio. Hoy, desde muy jóvenes, los muchachos tienen su carro que los padres le dan para suplir la falta de amor y, a la larga, no tienen, ya que les atraiga y terminan en drogas por haberlo tenido todo.

Eviten esos desenfrenos porque perjudican a los hijos. No les den lo que no pueden dar, materialmente hablando. Dale amor, comprensión, apoyo y verás cómo no necesitan lo material. Ofréceles educación, explicación a sus incógnitas y verás la respuesta cuando sean hombres y mujeres adultos.

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Lunes 10 de agosto de 2026