Se debe salvar la educación en Panamá
El mayor anhelo de una nación es proyectar cambios que favorezcan el pleno desarrollo de sus ciudadanos, manteniendo una ideología completamente centrada en principios de igualdad y con una visión que anticipe acciones positivas en materia educativa.
Pero para romper las cadenas represivas de la ignorancia educativa, es necesario centrarse en la búsqueda de las soluciones, frente a los problemas que convive una nación. Es imprescindible recalcar que las luchas nacionalistas en nuestro país reforzaron el deseo de muchos jóvenes en mejorar el nivel de enseñanza en los colegios de toda la República. Septiembre de 1979 será recordado como aquel mes en que la nación istmeña cambió sus rumbos al trastocarse los más delicados intereses de la nación en materia de educación.
La lucha no fue fácil pues diversos sectores se habían acordonado para mantener una actitud y aptitud rechazante, otros manteniendo acciones en favor de la reforma educativa. Pero lo cierto es que hay que plasmar en nuestra historia el verdadero abismo educativo que por 37 años quedó clavada una reforma que nunca benefició a las generaciones, más bien mantuvo desconfianza entre padres, docentes y estudiantes, que veían un futuro incierto en el sistema educativo panameño . Sin duda alguna, los partidos políticos de la época mantuvieron litigante sus manos maquiavélicas dentro del sistema educativo, cuyos resultados ha sido hasta ahora un sistema educativo deficiente, con una cifra traumática de fracasos escolares cada año, y donde los docentes solamente proyectan sus errores hacia el estudiantado, y no son meritorios en revisarse sus conciencias y visualizar en que ellos también fallaron.
Pero lo más decepcionante del momento es la manera en que una huelga nacional de educadores golpea a la educación, especialmente a miles de jóvenes y niños que con el mayor esfuerzo que hacen sus padres de llevarlos a las escuelas, darle sus beneficios para que sean hombres y mujeres de bien, hoy son los mayores afectados debido al interés que solamente apuntan con satisfacer el verdadero engranaje de ambas partes litigantes en el conflicto, y que sin duda alguna, las dos partes en conflicto no se acuerdan del estudiantado panameño.
Lo triste de esto es que al momento de finalizar la huelga, piensan que el estudiante panameño es el receptor de sus acciones, poniéndoles material retrasado para que no pierda el año escolar.. Quizás muchos puedan hacer marco de referencia histórica, cuando en la década de los años de 1970 y 80, las partes en conflicto mantenían acuerdos limitados cuando el General Omar Torrijos Herrera mantuvo una política de diálogo con los educadores y el Ministerio de Educación, donde se escuchaban las deficiencias de ambas partes. Puede verse que las escuelas del país eran reparadas por diversos programas, apoyados con los padres de familia y los estamentos del G-5 de Estado Mayor o Acción Cívica, quien en los meses de verano efectuaban los denominados trabajos de reparación de todas la escuelas a nivel nacional.
Recalco que no es negarle al docente sus derechos, sino en que ambas partes litigantes en el conflicto sean responsables de sus acciones y piensen en que muchas veces la mayoría de los fracasos escolares no son por los estudiantes sino por acciones políticas que no benefician al país. Ojalá pensemos como una nación futurista en donde lo mejor es comenzar a trabajar por los destinos de la educación en Panamá
Comunicador social