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Se gobernará con puño de hierro

Por: Redacción 06/04/2017

Acabamos de asistir como convidados de piedra al debate de las reformas electorales con miras a los comicios del año 2019. Nuestros padres de la patria han demorado una cantidad de tiempo tal, que si en vez de esto estuvieran revisando la Constitución de la República, terminarían el año 2050.

Claramente se evidencia que las discusiones giraban en torno a los mezquinos intereses de los diputados, amigos y partidos políticos mayoritarios. Asegurar que cada diputado pueda reelegirse sin problemas pareció ser la prioridad, seguida de las facilidades de financiación para sus respectivas campañas y mejorar el premio por ser candidato.

Incluso los independientes logran espacios inéditos. Y aunque parece una buena idea, no hay un solo ejemplo de un independiente que no termine en un partido político o apoyando a este en las votaciones, ya sea en los niveles legislativo o municipal.

Ha sido un sin sentido legislativo. Gracias a la pasividad de una población anestesiada por la lumpen y los juegos televisivos, así como las miserias, gracias y desgracias de efímeras estrellitas de televisión, miran para otro lado cuando se trata de información sobre lo que se hace con sus impuestos.

Hay que entender al país. Hemos sido embrutecidos. Con una educación paupérrima, la desintegración social promovida por subsidios y clientelismo, así como un bombardeo constante de telebasura, nos encontramos con esta realidad. Atrás, muy lejos, quedan las gloriosas jornadas de los mártires, de las luchas del Frente Patriótico de la Juventud, los postulados civilistas, etc.

Ante este nuevo escenario, tenemos que prepararnos para un futuro político incierto. El país perderá a los partidos que conocemos como mayoritarios y la configuración política se verá modificada sustancialmente. El próximo presidente deberá gobernar con puño de hierro para mantener una república que se escurre entre la indiferencia y la desigualdad.

No es cierto que Panamá vaya bien. Sencillamente, nuestro país se ve sometido por una migración descontrolada ante la falta, a mi parecer a propósito, de una política pública definida sobre el tema.

La inversión interna, en caída libre durante los últimos años, ha desnudado la fragilidad del empleo del país, que no es estable ni bien remunerado. A eso hay que sumarle la casi imposibilidad de lograr un emprendimiento que sea destacado y que permita presentar al país como un generador de nuevos negocios.

Se insiste en un país donde unos pocos controlen mucho y definan cuántos panameños serán clase media y cuántos pobres.

Panamá no desarrolla tecnología, no innova, no aprovecha sus recursos al máximo en el área de turismo, y tiene minas como Cerro Colorado para que los pajaritos y mariposas se posen sobre ella.

Insisto, el próximo gobierno va a tener que ejercer un presidencialismo muy parecido al ejercido por el presidente Belisario Porras, quizás aún más acentuado, para poder controlar los focos de explosión social que se nos avecinan.

Y créanme, trato de ser lo menos negativo posible. Cometimos un grave error en las elecciones del pasado 2014 y lo comenzamos a pagar. Ese error nos va a acompañar por décadas si no se toman medidas extremas en el próximo quinquenio. Que no se diga que no fueron advertidos a tiempo.

Consultor-Estratega político.

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Miércoles 15 de julio de 2026