Se impone la justicia de los pueblos
No cabe duda que cuando las necesidades básicas que requieren los ciudadanos para tener una vida digna no se las suministra el gobierno en el que confían y siempre hay excusas, no queda de otra que rebelarse y exigir que haya democracia y una mejor distribución de la riqueza.
En parte la falta de repuestas en temas como el desempleo, el alza en los precios de alimentos y que no hubiese cambios políticos en países como Túnez, Marruecos, Egipto, Libia y Siria, han propiciado un estallido social incontenible, en el que los ciudadanos piden que sus gobernantes sean castigados por sus malas decisiones a lo largo de sus períodos de gobierno.
Prueba de ello es el juicio que hoy enfrenta el ex presidente egipcio Hosni Mubarak, por aplastar a un pueblo que pedía cambios y mayor atención social y la única respuesta que recibió fue la represión, que dejó 850 mártires en el camino, quienes son recordados y que perseguirán a Mubarak y a sus hijos por el resto de sus vidas.
Esa masacre ocurrida a mediados de enero los tiene ahora en el banquillo de los acusados y posiblemente los lleve a la horca.
De ser así se marcaría un nuevo hito en la historia de los egipcios, quienes castigarían a sus gobernantes a la pena máxima por humillarlos.
Probablemente, el ejemplo servirá para los sirios que llevan cinco meses tratando de hacerle entender a su presidente Bashar al Assad que no lo quieren y que no cumple con sus expectativas, y que si continúa masacrando a la población encontrará algo más que el repudio internacional.