Se le complica al gobierno poner al Pueblo Primero
Luego de varios escritos en los que muchos me han llamado alarmista y exagerado, la realidad me ha superado: el presidente Juan Carlos Varela ha tenido que utilizar el último recurso comunicacional de un gobernante, la cadena nacional, para relanzar las ideas iniciales de su gestión.
Sí, iniciales, porque aunque parezca increíble, aún no lo logra, tras los primeros 100 días. Si bien es cierto que los presidentes Pérez Balladares y Torrijos tuvieron que hacer ajustes en su política comunicacional, cambio de ministros e, incluso, reorganizar las prioridades de sus iniciativas políticas dentro de su primer año de gobierno, es importante resaltar que a ninguno se le había acumulado tantos problemas en tan poco tiempo como al actual mandatario.
He señalado la importancia de poner orden definitivo en el transporte. Todos los estudios indican que la ciudad requiere rutas radiales y sistemas de trasbordos para hacer más eficiente el servicio. Pero no, como una sola persona ha decidido que todos los autobuses deben pasar por su negocio, pues todos los usuarios deben sufrir las consecuencias de la falta de una frecuencia adecuada a la hora de esperar un transporte público colectivo. Ahora se adiciona el tema de las cárceles.
Hay que sumar el fracaso colosal de la iniciativa de devolver $58.00 a los panameños. El control de precios demostró que el mercado funciona. Ni se nota la rebaja en los productos ni el desabastecimiento fue tan marcado como muchos lo esperábamos. Esto prueba que la economía de este país es tan fuerte que está blindada contra experimentos estatistas, pero no debemos jugar con nuestra suerte.
Al presidente Varela se le adiciona que muchos en su Gabinete no entienden que su prioridad es dejar bien a su jefe. No quedar bien ellos primero. Salvo los casos excepcionales de los ministros de Salud, Educación, Desarrollo Agropecuario y la canciller, el resto no pasa de las banalidades y hasta en algunos casos, los viajes inútiles a congresos y reuniones en el extranjero, como si los problemas del país tuvieran su solución afuera.
Para buena suerte del presidente, no hay oposición. Desmantelada y atomizada, la bancada del Partido Revolucionario Democrático (PRD) no encuentra el rumbo y cada cierto tiempo avanza para luego dar tres pasos hacia atrás. Sin líder, son la sombra del partido que siempre ha sido el dueño de la calle, y ha interpretado mejor que ninguno el sentir de las clases medias y populares de este país. Atrás queda el recuerdo de la organización política con la mejor estructura partidaria, de los cuadros políticos formados y la acción política monolítica. En fin, un desastre.
Y el otro partido, Cambio Democrático (CD), no entiende lo que sucede. El presidente Ricardo Martinelli ha comenzado a llenar espacios mediáticos de manera sagaz, ante la falta de protagonistas. El problema es que mucho de lo que ahora denuncia, es justo de lo que se le señalaba a él. Y ahí es donde el mensaje se desacredita y termina anulando lo que propone. Claramente ha vuelto a ser un animador de la política local, pero sin ningún resultado por ahora. Del resto de su partido, la desbandada total. Presas del miedo, huyen despavoridos de las cámaras y los micrófonos en espera de que su líder, que no puede participar de las elecciones del 2019, los repotencie. CD necesita un nuevo liderazgo con extrema urgencia si quiere mantener vigencia.
Y ante este panorama opositor, le llega el agua al cuello al presidente Varela. Complicada la elección de contralor y procurador general, con todo tipo de filtraciones y para colmo, con muy poca ayuda de sus más allegados, que no entienden el valor de la discreción en este tipo de situaciones, me parece que el presidente comienza a entender que la cosa puede pasar a mayores.
Hay mucha expectativa para con esta gestión gubernamental. Se propuso mucho y se cuenta con la experiencia previa de gobierno. Independientemente de la buena o mala calidad de muchos de sus colaboradores, el presidente debe tener claro que es él quien será recordado por la historia.
Es un error dejar que el tiempo pase sin hacer los ajustes. Ya ha tenido que borrar de su agenda los cambios estructurales que proponía como el cambio constitucional y otros de gran calado.
No permita, Sr. presidente, que su agenda quede controlada por las circunstancias y los intereses creados. Los problemas de la Corte Suprema y de la Asamblea Nacional no son los suyos. Afine su agenda y cúmplala, pase lo que pase.