Se le marchitó la flor (y el negocio)
Negocio redondo. De florista a millonario.
Esa fue la historia oficial. La que contó César Segura a Panamá América, con fotos de archivo incluidas.
Pero no. Siempre, lección aprendida, detrás de los cuentos de hadas se esconde el malvado de la película. El antagonista.
En este caso, resultó ser una sociedad anónima vinculada a allegados del Gobierno.
El florista, asesorado por un abogado que disfruta de las mieles del poder en el Palacio de las Garzas, no retuvo para él ni un segundo el terreno que tantas flores le permitió vender y lo traspasó a una sociedad anónima. Ahí hizo, claro, "clin caja".
La historia, detrás de la historia, la destapó La Prensa (nobleza obliga). Mirar más allá, cuestionar. Espíritu crítico.
Resultó, al final, que el terreno era un parque municipal y que César Segura era solo la excusa para que el terreno termine en manos de promotores inmobiliarios, lo que deja un mal sabor en la boca. O sabor a corrupción.
Tanta fue la polémica cuando se hizo pública que, finalmente, el Ejecutivo anunció que devolverá el terreno al Estado. No será una expropiación, sino un mecanismo que permita hacerse del terreno sin que el florista y sus amigos cobren ni un real.
De cualquier forma, sin o con dinero, se impone que las autoridades investiguen quién fue el funcionario responsable de permitir que por su ventanilla pase este trámite. ¿Quién fue el ciego de la trama?
Solo en las películas el final es feliz y el bueno siempre triunfa.
En la realidad, la dura realidad, las historias de hadas o de floristas millonarios no existen.
Sino, que lo diga César Segura, el florista farsante.