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Se nos acaba el tiempo para reflexionar

Por: Redacción 17/04/2014

Desde los 18 años, he tenido la oportunidad de participar en los equipos de campaña presidenciales, alcaldes, diputados y hasta representantes de corregimiento. Por más de 10 años, y a mucho orgullo, participé dentro del comité tecnológico que apoyaba al Tribunal Electoral de Panamá a blindar un sistema de transmisión y conteo de votos de primer mundo, envidia de decenas de países y ejemplo para todos. Organicé enormes caravanas de carros, cierres de campañas, movilizaciones del día de las elecciones, estrategias de comunicación política, etc. Incluso, para un referéndum de los años 90, me inscribí para ser jurado de mesa y fui designado presidente de la misma.

Usted amigo lector, debe entender que si en este momento no estoy involucrado en absolutamente nada que tenga que ver con el actual torneo electoral, es lo mismo que si fuera un profesional que llegó a su jubilación y vive en una cabaña en las montañas.

Ver las cosas desde afuera ha sido una experiencia dolorosa pero necesaria. Uno pude entender mucho más cómo y por qué se cometen errores que cuestan una elección y uno no logra identificar hasta que han pasado muchos años de la dolorosa pérdida.

He hecho campaña con casi todos los principales actores de la política actual. Como se cambian tanto de ideología, partido y hasta de objetivos, es fácil que esto haya sucedido.

Muchos de ellos, con el paso del tiempo, han traicionado a su patria, a sus amigos, a sus copartidarios. Incluso a su familia y en el peor de los casos, a sí mismos. Fortunas y estilos de vida inexplicables son uno de los resultados para mí más dolorosos de comprobar de las verdaderas intenciones que muchos tuvieron para entrar en el ruedo político. Me queda claro que hay gente sin escrúpulos, que no tiene ningún problema en utilizar a las personas como si fueran peones de un juego de ajedrez y luego dejarlos abandonados a su suerte.

Está terminando esta campaña política y tenemos un nuevo ingrediente: la manipulación informativa. No voy a extenderme en eso porque es muy notoria y nadie se escapa. Ya había sucedido en el pasado. Podría, y quizás lo haga, contar por horas anécdotas de los aparentemente muy serios encargados de mostrarnos la realidad y cómo, en la oscuridad de las reuniones de recámara, suceden cosas inenarrables.

Yo prefiero dar una sugerencia esta vez. Todos los principales contendientes han tenido su oportunidad de manejar, de una manera u otra y en una posición diferente, presupuestos y políticas públicas. Es el momento de que cuando se piense en a quién elegir, se haga basado en el beneficio personal y de la comunidad.

Mientras el Poder Ejecutivo tenga injerencia en los otros poderes del Estado, como lo han demostrado todos los gobernantes de este país en su historia, todas esas acusaciones con o sin fundamento de corrupción solo van a ser letra muerta.

Entonces, evaluemos qué es lo que queremos. Yo preferiría que el próximo gobernante se incline por continuar con los logros de todas las administraciones anteriores. Que no venga a inventar ni a imponer modelos que han fracasado en cualquier parte del mundo donde se han tratado de ejecutar. Esto no significa que creo que debe continuar el mismo partido. Aunque también podría. Ahí está el caso de Colombia y México en el pasado, donde presidentes del mismo partido de su antecesor han implementado políticas públicas diametralmente opuestas, incluso, convirtiéndose en enemigos políticos.

Ya sucedió en nuestra historia que el presidente predecesor terminó en conflicto con el siguiente. Roberto F. Chiari y Marcos Robles terminaron siendo enemigos políticos y ambos militaban en la misma organización política.

Yo lo único que pido es continuidad en las políticas públicas exitosas. Evidentemente el país ha fracasado en el modelo educativo y el costo de la vida. Lo que no se puede es reemplazar un modelo por un experimento que desconocemos su resultado o peor aún, sabemos que es un fracaso pero como es popular electoralmente lo plantean como si nada.

Me gustaría que los panameños aprovechemos estos días de reflexión para que nos enteremos que el control de nuestro destino no está en manos de marcianos o agentes del imperio, o del Alba. Está en nuestras manos, en nuestras conciencias y en nuestra capacidad de análisis.

Tenemos que aprender a ser responsables de nuestras propias decisiones y dejar de culpar a “esos políticos”. Les informo: ninguno bajó de una nave espacial. Todos están ahí por nuestra culpa o con nuestro voto.

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Viernes 7 de agosto de 2026