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Se pierde el respeto, se pierde todo


Los pueblos indígenas merecen todo el respeto de los panameños. Ellos son parte de la historia de Panamá y por décadas han luchado por sus derechos.

La mayoría de los ciudadanos entienden y hasta respaldan su lucha por preservar los recursos naturales, sin embargo, sus métodos de presión no han sido los mejores.

¿Por qué llevar las protestas al extremo? Cerrar calles y generar un clima de intranquilidad afecta a todos.

Es una falta de consideración con los panameños que se levantan a trabajar todos los días para salir adelante y pagan impuestos para impulsar el crecimiento del país. Si los indígenas paralizan Panamá, no pierde solamente el Gobierno, sufren todos los sectores que mueven la economía.

Existe un proceso de negociación en curso, en el que las partes involucradas han presentado sus propuestas y contrapropuestas. Es más, los representantes de las iglesias han estado como mediadores en las conversaciones.

Mientras exista la puerta abierta al diálogo, no es entendible la actitud de los grupos indígenas y otras organizaciones políticas. Pareciera que no están interesados en lograr acuerdos y apuestan más por generar un clima de tensión.

Su decisión de no enviar a los estudiantes, en las zonas comarcales, a las escuelas solo perjudica su futuro. La comarca presenta serios problemas de analfabetismo y deserción escolar.

El tema es complicado, porque si el Gobierno accede a las aspiraciones de los indígenas, de cancelar la única concesión que tiene un impacto sobre la comarca, entonces el país deberá enfrentar las consecuencias.

La empresa dueña de la concesión demandará por daños y perjuicios porque tiene ese derecho. Esa compensación saldría de los fondos del Estado y todos los contribuyentes terminarían pagando esa demanda. Es la realidad.