Se pierde la confianza, se pierde todo
Hace unos días un cabo de la Policía Nacional fallece al enfrentarse a tiros con un grupo de delincuentes. La noticia apareció en todos los medios y sin lugar a dudas murió en el cumplimiento de su deber.
Días más tarde, otro policía mantiene un altercado con un ciudadano y todo termina en golpes. La imagen donde aparece este panameño con el rostro ensangrentado y lleno de hematomas recorrió el país. Todos pedían justicia.
Las historias son diferentes, pero tienen como denominador un agente de la Policía Nacional. Dependiendo del cristal que se mire se podría concluir que los policías son héroes o por lo contrario corruptos.
Es un debate que podía durar horas, sin embargo la Policía Nacional es una entidad con más de 11 mil personas buenas y malas.
No se puede juzgar a toda una institución por las actuación de una parte de su personal.
Los detractores dicen que la corrupción corre por las venas de esa institución, incluso el propio director Gustavo Pérez ha admitido en diferentes ocasiones que sobran los casos de corrupción, muchas de esas unidades ni siquiera están en la Policía.
Es un camino muy espinoso donde es necesario ser responsables al emitir opiniones.
Es triste cuando los ciudadanos pierden la confianza en las instituciones que deben ofrecer seguridad.
Las sanciones contra los policías corrupctos deben ser ejemplares y no debe existir margen de tolerancia.
Cada caso que es denunciado debe ser investigado a profundidad respetando el debido proceso. Sin embargo el mensaje a lo interno debe ser claro y contundente (sin importar el rango).
La seguridad es un tema que enciende pasiones y no debe ser utilizado para ganar protagonismo ante la opinión pública.
Mientras se debilita las estructuras de la Policía los criminales siguen operando. A nadie le conviene.
