¿Se repite la historia en espiral?
Catedrático universitario
Una vez hubo en nuestro país una persecución tan férrea y con odio a un ex gobernante que duró más de 40 años. Le sucedió al Dr. Arnulfo Arias Madrid y esto se debió a que él era un hombre de carácter fuerte y no se dejaba mandar por nadie. La oligarquía de su tiempo no le perdonaba su independencia y por eso no lo dejaron gobernar nunca.
Le achacaron que era nazi fascista seguidor de Hitler, arbitrario, gallo- gallina, dictador civil, es decir todos los epítetos imaginable de la época, el peor era el de marica, no se conocía la corrupción sino se la endilgan; tres veces ganó la presidencia en elecciones y tantas veces lo tumbaron. Hasta le hicieron un juicio en la Asamblea Nacional que duró varios días y que él olímpicamente ignoró leyendo el libro Kontiki.
El culmen fue su última participación en 1984, durante el desgobierno militar-partido político, que se la quitaron por un irrisorio número de votos para otorgársela a su contrincante, representante de esa coalición milico política, un señor al que siguen apodando fraudito, que no supo cómo gobernar y que su propia coalición, que bien le pagó expulsándolo de la presidencia.
Ese señor aún hoy anda por ahí, sin ninguna vergüenza, tratando de enseñar cómo se debe gobernar. Creo que nadie le presta la más mínima atención. El partido, que civil y legalmente le hizo el robo al Dr. Arias, sigue vigente haciendo lo que sabe hacer. A Arnulfo Arias lo hicieron un gran líder, cuyas ideas permanecen en la mente y corazones de muchos de sus partidarios que no lo olvidan.
No hago comparaciones. Hoy veo que está pasando algo similar. Esta vez es con el expresidente Ricardo Martinelli. El único epíteto que no le han colgado o que no he escuchado es de marica; el más fuerte es el de corrupto, que está de moda en el mundo.
La persecución, percibo, es con un odio exacerbado por los medios masivos pertenecientes a la antigua oligarquía que siempre ha mantenido a nuestra sociedad en el permanente statu quo de clientelismo solo de elecciones a elecciones y este señor les arrebató la iniciativa, dándole algo a los pobres que nunca habían tenido la oportunidad de obtener ese algo.
La consigna de esa oligarquía, incluso la alta jerarquía de la Iglesia católica, es: no le des el pescado, dale la caña y enséñale a pescar, empero nunca les han dado la caña, nunca se propusieron enseñarlos a pescar y mucho menos les dijeron donde había el pez para ir a buscarlo y esa ha sido la maldad de Ricardo Martinelli: dio cañas, enseñó a pescar y, mientras aprendían, dio el pescado para motivarlos.