Arnulfo Barroso Watson

Seamos sinceros: la justicia de paz comunitaria está a la buena de Dios


No dudo en afirmar que en gran parte de nuestra sociedad prevalece una cultura de hipocresía oficial originada, cultivada y dispersada en las entrañas mismas de las estructuras del Estado. Y sin duda la misma proviene de la clase política.

Con este preámbulo quiero recordar como nuestras autoridades juraron y perjuraron que apoyarían la justicia de paz comunitaria, como un método para resolver, tempranamente y de forma conciliada, los conflictos que se generen en las comunidades.

La justicia de paz comunitaria es una herramienta altamente efectiva para evitar que problemas cotidianos se profundicen y al final terminen congestionando el sistema ordinario de justicia penal y civil.

Sin embargo, por los avatares de la vida y en el ejercicio de la abogacía he podido palpar el abandono humillante y hasta obsceno en que el Estado mantiene a las Casas de Paz Comunitarias en varios puntos de la geografía nacional.

Algunas parecen, literalmente, un cuchitril y en las mismas los funcionarios ya no trabajan con las uñas, sino con la cutícula. No tienen aire acondicionado, sus expedientes no están digitalizados, no tienen suficientes computadoras y las estructuras dan vergüenza.

 Hasta las desalojan y les cortan la electricidad por falta de pago. Dejemos la hipocresía y hablemos del estado real de estas instalaciones.

Periodista.

Arnulfo Barroso Watson

Argumentum ad Iuditium (Argumento justo)

<p>Arnulfo Barroso Watson, <strong>periodista</strong> y <strong>abogado</strong>. Amante de la <strong>naturaleza y defensor</strong> de las causas justas.</p>