default

Sebastián Piñera


Querido Director,

Estará Usted de acuerdo en que sobre el Sebastián Piñera político y de su actuación ejemplar en el accidente de la mina en el desierto de Atacama se ha dicho todo lo que se podía decir y así todo el mundo mundial excepto el bobo de Miguel Bosé (que ha calificado el rescate de circo mediático), está de acuerdo en que ni siquiera las grandes potencias mundiales habrían resuelto mejor el asunto desde un punto de vista humano y técnico.

Pero lo que quizá no sepa ni el propio Piñera es de lo que se ha librado, pues en el caso de que hubiese muerto un solo minero, toda la izquierda del mundo, acompañados de todos los bobos del mundo se habrían lanzado sobre él y quién sabe, si no hubiese tenido que dimitir. A esa izquierda y a esos bobos acompañantes no les interesaba absolutamente nada la suerte de los mineros y estaban callados y expectantes para rentabilizar políticamente la desgracia en cualquiera de sus grados. Tenga en cuenta que Piñera es de derecha, no lo oculta y además ha ganado unas elecciones libres y democráticas por una amplísima mayoría. Curiosamente igual que parece que ha pasado en Panamá, los gobiernos de derecha (no militares), formados principalmente por empresarios, no solamente no se comen los niños crudos, ni duermen arropados con la bandera de Estados Unidos, sino que consiguen bajar la tasa de pobreza, suben algunos impuestos y en general, dan credibilidad a sus instituciones políticas y financieras.

El caso chileno, que generalmente se juzga de manera superficial y en muchos casos sectaria, está siendo estudiado pormenorizadamente por muchas universidades y fundaciones de asesoramiento político. Pinochet perdió desde el poder un referéndum (caso insólito de limpieza electoral) y se fue del poder real; los diversos gobiernos que se sucedieron de centro-izquierda, a la vez que hablaban mucho contra la dictadura, mantuvieron, con buen sentido, la mayoría de las políticas, sobre todo las económicas, que los “Chicago Boys” de Pinochet habían implementado, convirtiendo Chile en un modelo internacional en planes de pensiones, concesión de obra pública, libertad de comercio y el crecimiento imparable de una clase media que siempre es el mejor antídoto para evitar aventuras políticas no razonables.

Parecía que esos gobiernos de centro-izquierda que acogían a decenas de partidos, hasta el punto de que el candidato al que batió Piñera era el democratacristiano Eduardo Frey hijo, iban a ser eternos, pero amigo mío! Sale Piñera y no oculta que es un hombre de posición económica acomodada, católico practicante, defensor de la familia y como no podía ser menos, del libre mercado y gana las elecciones. No puede ser, No puede ser, gemía la izquierda iberoamericana y la chilena en particular. ¿Cómo una parte importante de los trabajadores votan por un señor de derecha? ¿Cómo nuestras campañas de difamación no han dado resultado? Pues muy sencillo: porque cuando a la gente se la habla de cara y además se contestan contundentemente las viejas y repetidas intoxicaciones que la izquierda da a las palabras y a los conceptos, el pueblo llano y sano, primero puede elegir en libertad y después puede romper, como en el caso chileno, el viejo axioma de que los trabajadores votan siempre izquierda.

La era Zapatero toca a su fin. Cuando dentro de un año se vaya habrá dejado la España más pobre de los últimos 45 años. La televisión oficial admite que hay dos millones de niños que sufren desnutrición; que con el inevitable recorte de las pensiones (para poder hacer frente a despilfarros muchas veces delictivos), cuatro millones de jubilados no llegarán a final de mes. Que el paro sobrepasará, oficialmente, los cinco millones, etc, etc. Pero el hombre que va, casi con total seguridad, a suceder a Zapatero como inquilino de la Moncloa, se llama Mariano Rajoy, que nada más aprobar las oposiciones de registrador, entró en política y desde entonces no se ha bajado del coche oficial. Varios millones de españoles le van a votar, sin tener por él devoción ni atracción alguna. ¡Qué pena que Sebastián Piñera Echenique no sea español!

Atentamente,