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Secretos de confesión de un Periodista en Democracia


Han pasado veintiséis años desde aquel día en que tomé la importante decisión de abandonar mi patria chica, Chitré, para venir a la ciudad con el gran sueño de convertirme en un profesional y construir una familia de la cual pudiera sentirme orgulloso. Como todo en la vida, comenzar no fue fácil ya que a diferencia de mis compañeros de la capital, para mi todo se complicaba por ser un joven que ni siquiera conocía las calles y avenidas de la ciudad. Poco a poco fui superando los obstáculos que la vida me presentaba con la ayuda de mi familia que con un gran esfuerzo y sacrificio me dieron todo su apoyo para seguir adelante. En diciembre de 1989, en medio de un país donde reinaba el caos y la incertidumbre, bombas, muertos, saqueos, se me presenta la oportunidad de mi vida: trabajar como periodista en la Corporación Panameña de Radiodifusión. Asumí el reto y hoy casi 21 años después he logrado ganarme el respeto de la comunidad panameña por mi verticalidad e independencia, valores que aprendí en el hogar y en el aula de clases en la Universidad de Panamá. En estos 21 años he dado cobertura a 4 elecciones presidenciales y me ha tocado compartir con 5 gobiernos diferentes. Durante todo este tiempo me ha tocado vivir momentos difíciles, pero llevaderos en los que nunca una crítica o un cuestionamiento fue sobrevalorado a tal grado de pensar que éramos enemigos del gobierno o conspiradores.

Las cosas han cambiado y hoy los niveles de frustración que siento me obligan a denunciar los duros ataques personales de que estoy siendo víctima desde dos medios de comunicación vinculados a altos personeros del gobierno. Estos dos medios utilizan para sus malsanos propósitos a verdaderos mercenarios del micrófono, que como niños con juguete nuevo, juegan sin ninguna clase de escrúpulos con la noble tarea que impone el periodismo. Pero ¿cuáles han sido los pecados cometidos por mi para que estos personeros del gobierno allegados al presidente de la República, hayan decidido derramar todo su odio e intriga en mi contra y de mi familia? Hoy me confieso ante el Altar de la Patria y dejo al descubierto los pecados cometidos:

1. Haber cuestionado la actitud de un oficial de la policía nacional al golpear a dos trabajadores de una estación de gasolina.

2. Haberme hecho eco de las críticas hechas al gobierno por la contratación de una empresa familiar para el bordado de los logos de las camisas de trabajo.

3. Haber cuestionado a las autoridades por el incremento en los niveles de criminalidad en nuestro país.

4. Haber sido parte integral en el movimiento ciudadano denominado Cruzada por la Paz.

5. Haber apoyado con gran entusiasmo el proyecto de transformación de la educación por considerarlo necesario para el desarrollo del país.

6. Haber pedido al gobierno que reconsiderara la decisión de aprobar la ley 30 tal y como se hizo, desconociendo las críticas de la sociedad civil.

7. Haber llamado en reiteradas ocasiones a nuestros gobernantes para que atendieran el problema de Bocas del Toro previendo una explosión social.

8. Haber pedido a gritos a las partes en conflicto por la ley 30 que se sentaran a resolver el problema por la vía del diálogo.

9. Apoyar desinteresadamente el proyecto de modernización del Transporte debido al caos existente en la ciudad capital que ha generado tanto luto y dolor en las familias panameñas.

10. Haber preguntado en múltiples ocasiones y ante el incremento en el costo de la vida, donde quedaron las promesas de campaña encaminadas a reducir los precios de la canasta básica familiar.

11. Haber criticado el rumbo que ha tomado nuestra justicia luego del nombramiento de los dos nuevos magistrados y la salida de la procuradora general de la nación Ana Matilde Gómez.

Pregunto ahora ¿qué pecado mortal he cometido o es que en Democracia el decir lo que uno piensa tiene un costo tan alto? La situación ha llegado a tales niveles que he llegado a pensar que hasta mi vida corre peligro por algunos mensajes que he recibido y que a veces prefiero ignorar por mi salud mental.

Los periodistas serios no somos enemigos del gobierno, lo que queremos es que se cumpla con las reglas de la democracia.

Todos queremos vivir en un país donde impere el respeto a las instituciones, la libertad de expresión, la independencia de los poderes, una verdadera justicia, la transparencia y donde se respete el parecer de los integrantes sociedad civil.

Concluyo mi artículo con un mensaje alto y claro "Sin Libertad de Expresión y sin el libre ejercicio a la profesión no hay Democracia".