Sectores dominantes: No son un sueño, son una pesadilla
Cuando se trata de confundir las cosas aparentando un espíritu de cambio, mientras que en realidad se busca que todo se mantenga incólume, nadie le gana a los sectores dominantes del país, quienes tradicionalmente han concentrado el poder económico y político para su propio y exclusivo beneficio. Esto se demuestra no solo en el desgastado eslogan de cambio del actual gobierno que contrasta con su actitud de desposesión y represión contra la población más vulnerable, tal como se demostró en los recientes hechos de la provincia de Colón. También se manifiesta claramente en las declaraciones de la llamada oposición tradicional.
Resulta lamentable, por calificarlo de alguna manera, que el secretario general del PRD, quien además aspira a la máxima magistratura del país, mantenga una propaganda en torno a la necesidad de la seguridad alimentaria, mientras que al referirse en una entrevista televisiva al Tratado de Promoción Comercial (TPC) con Estados Unidos, el mismo declaró con la mayor soltura de cuerpo que Panamá deberá aprovechar las oportunidades que el mismo ofrece, para lo cual simplemente se debe preparar a los productores. Se trata de una postura que desconoce algunos hechos importantes.
En primer lugar, que su partido no solo promovió y firmó el TPC, sino que mientras gobernaba el país no hizo absolutamente nada por desarrollar la producción agropecuaria. Más aún, en un olvido que resulta sospechoso, deja de lado el hecho de que los problemas que enfrenta el productor agropecuario provienen no solo del retraso tecnológico, si- no de una competencia desleal que proviene de la contraparte, la cual se concreta en que el país más poderoso del mundo subsidia a sus productores, mientras que en términos de desarrollo tecnológico, el TPC prohíbe imponer al capital foráneo medidas guiadas a asegurar la transferencia tecnológica a bajo costo.
Así mismo, con la mayor comodidad olvida que también fue su partido el que desarmó el sistema de regulación que, al menos tibiamente, protegía de los desmanes de los comerciantes inescrupulosos a la población panameña, haciendo, además, caso omiso del clamor popular que apunta hacia la restauración de la regulación de precios. Más aún, deja de lado el hecho de que fue un ministro de un gobierno de su partido el que firmó la carta de intención que, de manera inconstitucional, redefinió el concepto de comercio exterior, con el fin de permitir que las grandes transnacionales norteamericanas penetraran la esfera de la comercialización de los bienes que constituyen la canasta básica panameña. El poder monopólico de estas transnacionales y su capacidad de explotar comercialmente a nuestra población y productores agropecuarios queda clara si se tiene en cuenta que las cuatro empresas más grandes del sector, de las que Walmart es la emblemática, controlan el 73.3% del mercado norteamericano atendido por las llamadas tiendas generales de mercancía.
En conclusión, pese a que los políticos de los sectores dominantes pueden presentarse como un sueño, en realidad son una pesadilla, parte de una noche oscura de la que el pueblo panameño empieza a salir con sus propias fuerzas y organización.
Economista.