Secuelas inevitables de la tragedia nipona
Las escenas son desoladoras. Con el paso de las horas todo se complica y siguen apareciendo más víctimas del terremoto que estremeció a uno de los países más desarrollados del mundo. En Japón sólo se respira desesperación y los problemas no terminan; con la explosión de varias plantas nucleares crecen los niveles de radiactividad en zonas que hace una semana eran las bujías de la economía japonesa.
Son más de 600 mil personas evacuadas y la cifra se eleva cada segundo. La economía global también se tambalea y con ella países que son socios comerciales de Japón, entre ellos Panamá. En tierras niponas se encuentran grandes compañías automotrices y de tecnología que abastecen al mercado internacional.
Esas compañías utilizan los servicios del Canal de Panamá, la Zona Libre de Colón, el centro bancario panameño y sus instalaciones portuarias para operar para todo el continente. Desde que ocurrió la tragedia todo se ha paralizado.
Las importaciones procedentes de Japón superan los 289 millones de dólares. Las importaciones de automóviles y partes alcanzan cerca del 90% del total y las ventas de vehículos japoneses representan cerca del 50% en Panamá.
Es más, cerca del 70% de la flota comercial de Japón navega con la bandera panameña, según estadística oficial de la embajada japonesa en Panamá.
