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Secuestrados


Hace cinco años, la palabra pandilleros aún era ajena al vocabulario de los aguadulceños. Aguadulce era una pequeña ciudad panameña con un nivel de seguridad aceptable y con una población dedicada al comercio, la pesca, producción de sal y azúcar.

Grandes fiestas callejeras se celebraban sin problemas de enfrentamientos de pandillas, solo las peleas de gente de barrio, lo común en los pueblos del interior.

Ese prestigio de seguridad también le permitió a Aguadulce desarrollar un Carnaval que no tiene que envidiarle nada a Chitré, Penonomé e incluso Las Tablas.

También le generó fama a su fiesta de fundación: 19 de Octubre.

Pero todo este esfuerzo se puede echar a perder si la ola de pandillerismo y violencia continúa incrementándose en Aguadulce.

Las bandas están conformadas por jóvenes procedentes de la ciudad capital, que han sido desplazados por el control policial.

Pero ya es hora de que la misma Policía Nacional empiece a poner mano dura en los pueblos hacia donde se están desplazando estas pandillas, siendo la ciudad de David el caso más grave.

Solo los últimos tres homicidios se han registrado por enfrentamiento de bandas en Aguadulce, todos los casos bajo el conocimiento del director de la Policía Nacional, Gustavo Pérez.

Mientras avanza la capacidad operativa de estas bandas foráneas y se mantiene el papel pobre de la Policía Nacional, los residentes aguadulceños se alejan cada día más de la ventaja de seguridad que brindaba su pueblo en sus mejores tiempos.

El mismo caso replica en Penonomé y Natá. Todavía las autoridades están a tiempo de recuperar la seguridad en estos pueblos de interior, afectados por el desplazamiento de las pandillas.