Seguimos como arrieras sin pestañas
Hace casi una década atrás, me preguntaba en este mismo espacio, ¿Cómo hacer para empezar a dejar de andar como arrieras sin pestañas, sometidos al vaivén de los caprichos, los antojos y creyendo que todavía “la Patria sabe a carimañola, huele a mar y suena a saloma”, si cada vez hay más compatriotas que no pueden comer ni carimañola, el mar no huele sino que hiede y poco asoma del canto del saloma?”
Entonces indicaba cómo “la corrupción no ha cesado de crecer y ha servido hasta de entretenimiento del neo-autoritarismo para violar –con la sonrisa en los labios- a la ya tantas veces violentada, violada y manoseada “constitución” y la cacareada “seguridad jurídica”. Eran los días en que Tito, Fito y Titi votaron por Winnie y Tito...
Y desde esa misma columna preguntaba si los panameños “¿Estaríamos dispuestos a aceptar que los partidos políticos “legalmente inscritos” no representan para nada al pueblo panameño por miles de inscritos que digan tener o tengan, sino los intereses personalísimos de sus jerarcas? ¿Vamos o no a reconocer, y por ende a actuar en consecuencia, que no hay en Panamá una verdadera organización política ni como Estado, ni como Gobierno, ni como oposición, ni como sociedad civil? ¿Conversaremos o no que las elecciones del 2004 no le deparan absolutamente nada mejor al país, a la sociedad o a la mayoría de la población, pero si un reacomodo a los factores reales de poder que tienen el monopolio de la política, de los partidos, de lo político y que manejan el Estado y sus instituciones como si fuera su feudo?”
Los acontecimientos llevan a reiterar que el sistema imperante en nuestro país, basado en una ‘antigua legalidad’ pese a la nueva realidad, se maneja con una dogmática concepción que no les permite el verdadero diálogo, ni la conversación seria, ni tampoco el debate y mucho menos la disidencia. No nos queda entonces a los ciudadanos, a esa sociedad civil aun desorganizada y atomizada, otra cosa que resistir, que organizar la resistencia para no seguir como arrieras sin pestaña.
Les guste o no a los que monopolizan todo, los ciudadanos tenemos que organizarnos a lo largo y ancho de la geografía nacional bajo planteamientos claros y decididos que despierten la esperanza de días mejores, que entusiasme la voluntad sin inclinaciones ni dobleces, con dignidad de verdad por ese mañana que se nos niega cada vez más.
Para ello debemos entonces empezar a entender, de una vez por todas, que los ciudadanos no tenemos que seguir mendigando nuestras libertades ni nuestros derechos políticos; que “la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos del hombre, son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de los gobiernos”. Y en ese terreno, en Panamá hoy vemos como, entre otras tantas situaciones, aumenta la violación de los derechos humanos (desaparecen a los desaparecidos), la desinformación (somos los últimos en enterarnos de todo), la mordaza a la libertad de información continua en aumento, la autocensura, la despolitización de los ciudadanos y la confabulacion de gobernantes y gobernados con la corrupción y la impunidad como modus vivendi.
Obliguémonos a ser valientes y a ser resistentes y dejar tanta cursilería y salir a la búsqueda y el encuentro de un comportamiento verdaderamente digno de ciudadano. Para ello tenemos que integrar un movimiento dinámico que no sea la suma mecánica de acciones aisladas, de análisis superficiales y falaciosos, y sobre todo de estar aceptando que el “consenso”, la “concordia”, el “diálogo”, la “armonía” nos procurarán una verdadera salida, pues solo han servido y sirven a los que a diario nos niegan nuestras libertades y nuestros derechos.
