Segunda Guerra Mundial Cuarta reminiscencia
Cuando llevábamos ya una semana de navegación en el Atlántico, entramos en una zona del mar con olas enormes, pero serenas, que pasaban debajo de los barcos. Era impresionante ver que un portaviones que venía detrás del Jamaica Producer en el cual yo viajaba, era levantado como si fuera un palillo de fósforo y dando la impresión de que nos caería encima.
Al día siguiente, a las diez de la mañana nuestro barco sufrió una avería que le impidió seguir navegando. Para nuestra sorpresa, el convoy continuó su viaje sin que barco alguno fuera a prestarnos auxilio. Quedamos pues, prácticamente abandonados a nuestra suerte en medio océano y a merced de los submarinos alemanes.
Había que ver el rostro adusto y desconfiado de los pasajeros en aquellos momentos. A las cuatro de la tarde quedó el barco reparado y reanudó la marcha a toda velocidad. Cenamos, nos recogimos luego para dormir y al despertar al día siguiente estábamos ya en medio del convoy.
