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Segunda vuelta: ¿cambio o retroceso?


Mario Castro Arenas / Escritor (opinion@epasa.com) / -

La fragmentación del sistema electoral se acentuará mucho más con la ruptura del bipartidismo tradicional por la irrupción de Cambio Democrático y de nuevos partidos como el FAD y plataformas de candidatos independientes. Por el momento se visualizan tres grandes asociaciones de partidos en las elecciones generales de 2014: Cambio Democrático en alianza con Molirena; Partido Revolucionario Democrático, y el Partido Panameñista aliado con el Partido Popular. Resulta prematuro determinar la fuerza electoral de los sectores de izquierda, sindicatos y gremios coaligados en el FAD y de candidaturas presidenciales independientes como la del profesor Juan Jované. Sin embargo, las encuestas revelan por el momento el fraccionamiento del electorado aglutinado en los partidos políticos de gobierno y oposición en tres tercios de votantes con variaciones en los resultados presidenciales. Si no se producen apreciables diferencias de orden cuantitativo, el próximo presidente de la República podría ser elegido por la tercera parte de los electores. No sería la primera vez que el tercio de los votantes determine la presidencia de la República. Frente a la presunta debilidad de la representatividad del candidato y el partido que lo respalda surge la alternativa de la elección por el método de segunda vuelta electoral entre los dos partidos que alcancen el mayor número de votos en la primera vuelta con el propósito de fortalecer la representatividad democrática del jefe de Estado.

Aunque la elección en una segunda vuelta no tiene presencia en el sistema electoral panameño, no se descarta que los resultados de la fragmentación del voto conduzcan a la renovación del debate sobre las ventajas y desventajas de un sistema inédito que persigue que el presidente de la República obtenga el respaldo del cincuenta por ciento o un porcentaje superior de la totalidad de los votos. El segundo turno electoral obligaría hasta cierto punto a la concertación de alianzas programáticas o ideológicas entre los contendientes principales y los partidos y corrientes políticas afines sin figuración en la lid presidencial. Dependiendo de los objetivos de las alianzas, la segunda vuelta podría llevar al robustecimiento de los programas de gobierno o a la trama de un clientelismo forjado en la repetición del mecanismo del rejuego indeseable en la distribución de posiciones burocráticas. Cambio o retroceso, monopartidismo o pluralismo constituyen opciones abiertas en el debate sobre mecanismos electorales modernos o anacrónicos.

Los más prestigiosos politólogos europeos tienen posiciones a menudo opuestas sobre los partidos dominantes de la elección por una sola vuelta y la convergencia democrática de alianzas y coaliciones a través de la segunda vuelta. Maurice Duverger sostiene que “el escrutinio de una sola vuelta tiende al dualismo de los partidos y, por lo tanto, a la supresión de los pequeños partidos y a la existencia de partidos con vocación mayoritaria. Sin embargo, este coagulador se produce sobre todo en el plano local; la vuelta única empuja al duelo en cada circunscripción; pero la variedad de los combatientes a través del país permite un multipartidismo nacional”. (Los partidos políticos). Giovanni Sartori conceptúa la fortaleza del gobierno representativo: “Comencemos por la defensa del gobierno representativo. Pregunta: el principio de “promover la mayor felicidad para el mayor número”, ¿requiere necesariamente un gobierno representativo? Francamente, no veo por qué. Bastará observar que ningún gobierno se declaró jamás– ni se declarará nunca –contrario al principio de promover la mayor felicidad para el mayor número, sino que todos los gobiernos despóticos se justifican de ese modo. Es más, ni siquiera es difícil demostrar que –con base en un cálculo de felicidad que debe ser “bien entendida” –que el sacrificio de una generación es un ínfimo precio a pagar, en bien de la radiante felicidad de las generaciones futuras, y de ese modo avalar la más despiadada razón de Estado”.

El sistema electoral de segunda vuelta decide el resultado de las elecciones en Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Nicaragua, Perú, República Dominicana, Uruguay. Es decir, un importante número de naciones sudamericanas y centroamericanas eligen a sus autoridades por una mayoría del cincuenta por ciento de los votos; o por cuarenta por ciento, como en Costa Rica. El ballotage, o balotaje es la expresión del idioma francés que denomina el origen del sistema electoral que se introdujo por primera vez en el Segundo Imperio de Luis Napoleón Bonaparte o Napoleón III, en el año de 1852. Su modernización se configuró en 1958 en la Quinta República de Francia durante el gobierno del general Charles de Gaulle. La República de Panamá es uno de los pocos países que elige al presidente de la República en una sola vuelta, cualquiera que sea el porcentaje de los votos que obtenga. La tendencia electoral es asignarle la primera opción del Órgano Ejecutivo al partido político que alcance el tercio de la votación total, aunque Cambio Democrático en alianza con el panameñismo superó el cincuenta por ciento del sufragio. Quizás resulta prematura la concertación de alianzas entre los tres partidos de mayor número de inscritos. No se descarta, sin embargo, que reaparezcan las alianzas o se presenten desprendimientos importantes de militantes insatisfechos con las plataformas electorales actuales. Todo es posible en la viña del Señor.

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Viernes 14 de agosto de 2026