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Segunda vuelta: verdades y mentiras


Es lamentable que la segunda vuelta, clave para desterrar caducos patrones de nuestra “seudo democracia”, haya degenerado en interpretaciones sesgadas y “matraqueos politiqueros”, motivados por temores patológicos al veredicto del pueblo.

Cuatro deben ser los aspectos a dilucidar: 1) el político institucional: ¿Es beneficiosa o no lo es? 2) el jurídico: ¿Es necesaria una reforma constitucional? 3) el electoral: ¿Quienes la rechazan y por qué? 4) el coyuntural: ¿son las sesiones extraordinarias la vía adecuada?

La mayoría de los países latinoamericanos la han adoptado, porque garantiza que los gobiernos representen “la mayoría” de la sociedad que les tocará gobernar. Panamá sigue a la zaga y corremos el riesgo de repetir la aberración de 1994, cuando un presidente fue electo con apenas un tercio de los votos. La segunda vuelta, aparte de garantizar representatividad, da al pueblo la decisión final. La vuelta única ha propiciado la polarización en dos candidatos, forzada por componendas previas de “alianzas electorales” y ha coartado que surjan alternativas políticas.

Las alianzas, descarados repartos previos de “espacios y recompensas políticas”, son más perniciosas que la posibilidad de que los candidatos descartados puedan “pasarle sus votos” a uno de los que irían a la segunda. Y si lo intentaran, nadie les haría caso.

La doble vuelta no está condicionada a una reforma constitucional; puede introducirse por vía legal. Reconozco el derecho a sostener lo contrario, pero esas, que son opiniones, no pueden vetar que la Asamblea cumpla su función constitucional de legislar. De aprobarse la segunda vuelta por vía legal, quienes la consideren inconstitucional, deben demandarla y que la Corte decida.

La oposición a la segunda vuelta, antes que fundada en preocupaciones democráticas o jurídicas, está motivada por el temor. Los panameñistas porque vislumbran que puede escapárseles la candidatura oficialista en el 2014 y el PRD porque sabe que su techo electoral, del 33%, los sacaría de la contienda.

La segunda vuelta no fue discutida en las reuniones de las reformas electorales por la complicidad de los partidos y del TE.. Pretender ahora que la Asamblea se inhiba de discutirla y convertirla en ley es una leguleyada. Con la segunda vuelta, comenzaría resquebrajarse el monopolio del sistema electoral de los partidos tradicionales y del TE. De allí porqué la oposición de ambos. El cuco del eventual costo es tan insostenible que resulta risible. No costaría lo que se dice y, en últimas cuentas, podría deducirse de los subsidios electorales.