Seguridad alimentaria y la conservación
Sin duda, el agua es el elemento más importante para la vida, pero se ha constituido en el más escaso y de difícil acceso en cantidad y calidad para satisfacer las necesidades básicas de una población creciente.
Ya no es extraño el término de producción de agua, toda vez que la escasez de este vital líquido como problema global obliga a comprender que este corre el riesgo inminente de agotamiento. Se debe entender entonces por producción de agua todas las acciones dirigidas a proteger y recuperar todas las áreas vitales para que haya agua, como zonas de filtración, áreas de recarga acuífera, nacientes, quebradas, ríos, riachuelos.
LA REFLEXIÓN SERIA Y RESPONSABLE PARA QUE SOCIEDAD Y GOBIERNOS, ADOPTEN UNA ACTITUD DIFERENTE Y FORTALECIDA FUNDAMENTADA EN UNA PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA PARA ROMPER PARADIGMAS.
Sencillamente los bosques son productores de agua y la captan de la atmósfera, al atraer la lluvia o recoger la humedad del ambiente. Esto es así por cuanto que las zonas arboladas o boscosas de las montañas detienen la humidificación que proviene generalmente del mar y se produce una acumulación de nubes cargadas de agua.
El bosque funge como un sistema de filtrado a través del suelo. El agua llega hasta los acuíferos en el subsuelo, que a su vez son la fuente de ríos y lagos. En caso de áreas sin cobertura boscosa, el impacto directo de las lluvias y las escorrentías más fuertes generan el lavado y arrastre de partículas de suelo, con lo que la infiltración es mínima y la sedimentación de las fuentes hídricas limita o disminuye los caudales.
Los ríos, quebradas y riachuelos, están experimentando una drástica disminución de sus caudales, así como una peligrosa reducción de la calidad de sus aguas, que al final se traduce en incertidumbre para satisfacer las necesidades de consumo humano, usos industriales y para la producción agropecuaria, entre otros.
Continuar produciendo alimentos sobre el criterio de la ampliación de la frontera agropecuaria hacia terrenos que no son aptos para esa actividad y sin la adopción de tecnologías adecuadas y al alcance del productor no es garantía de sostenibilidad; muy por el contrario, se puede agravar y por tanto debilitar la base de recursos naturales renovables (agua, bosques y suelo), de los que depende en gran medida la capacidad de producción de alimentos y por tanto la seguridad alimentaria de nuestra población.
Para destacar en cierta forma lo vital del agua en la producción de algunos rubros, tenemos que para producir un kilogramo de carne bovina se requieren quince (15) metros cúbicos de agua; para producir un kilogramo de café, se requieren siete (7) metros cúbicos de agua y para producir un kilogramo de arroz, se requieren dos (2) metros cúbicos de agua. (Un metro cúbico de agua equivale a 264 galones).
Hace algunos años se llevó a cabo la Cumbre de Seguridad Alimentaria en Roma auspiciada por la FAO, en la que se mencionó de una posible catástrofe alimentaria y que por lo tanto se debe duplicar la producción agropecuaria para 2030.
Diferente, porque hace tiempo que se agotó el modelo de desarrollo basado en el despilfarro y las improvisaciones. Renovada, ya que se requiere de una verdadera evaluación y valoración de los recursos naturales para adoptar una planificación a largo plazo, en atención a políticas fundamentadas en el potencial de desarrollo del país, la vocación de sus suelos en estricta complementariedad con la conservación del ambiente y el patrimonio natural renovable. Fortalecida, pues tiene que ser un compromiso y una responsabilidad de Estado y la sociedad panameña en su conjunto.
No se pueden desconocer los esfuerzos que se han venido haciendo en el país al respecto; pero al efectuarse en forma aislada y sin una visión de largo plazo, en ausencia de una planificación estratégica, se refleja poca continuidad y coherencia en las diferentes actividades y por tanto los resultados resultan poco visibles.
Si todos como sociedad queremos proponernos lograr el desarrollo del país, tenemos que actuar con responsabilidad, sensatez y prudencia; en el entendimiento de que ese desarrollo que queremos para un futuro mejor hay que ponerlo en la balanza y determinar responsablemente hasta cuánto podemos sacrificar los recursos naturales y el ambiente por un verdadero desarrollo.
También hay que considerar cuánto tenemos que sacrificar del desarrollo por la conservación y lograr un equilibrio o balance entre conservación y desarrollo, ya que ambos conceptos no son excluyentes, sino que se complementan y una cualidad humana es alcanzar acuerdos, sobre todo si se trata de la seguridad alimentaria y de la propia trascendencia de la especie.