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Seguridad alimentaria y productividad


Juan Jované (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

La seguridad alimentaria es, como hemos insistido en repetidas ocasiones, una de las bases materiales cruciales para el aseguramiento de la plena vigencia de los derechos humanos. La misma juega, además, un papel importante en la determinación de la capacidad productiva de la fuerza de trabajo. Su ausencia puede, entonces, dar lugar a una baja productividad en un segmento importante de la población. Es así, por ejemplo, que Joseph Stiglitz, al desarrollar su teoría de los salarios de eficiencia, ha llamado la atención sobre la vinculación positiva que existe entre el nivel salarial, el nivel de alimentación y la productividad del trabajo.

En este contexto se puede entender que la inseguridad alimentaria no solo puede dar lugar a una productividad reducida, sino que también puede originar a un efectivo círculo vicioso de la pobreza. Es en este sentido que Debraj Ray, uno de los más conocido teóricos de la Economía del Desarrollo, ha sugerido que la existencia de una alimentación inadecuada lleva a una baja capacidad de trabajo, la que significaría un bajo nivel de ingresos para quien sufre esta situación. A su vez la insuficiencia de ingresos llevaría nuevamente a una alimentación inadecuada, así como a una fuerza de trabajo limitada, con lo que se completaría el círculo vicioso.

Para captar la presencia de estos fenómenos en nuestro país, se puede hacer uso de un indicador desarrollado por la FAO para estos fines, al que se le ha dado el título de Prevalencia de la Insuficiencia de Alimentos. Este indicador, pese a que es similar al de la Prevalencia de Desnutrición, va más allá al incluir la necesidad de ingesta calórica que se necesitan no solo para asegurar el llamado metabolismo en descanso, sino para la realización de actividades fundamentales como lo son el trabajo. Es por esto por lo que este organismo llama la atención de que este indicador no solo abarca a los que están crónicamente desnutridos, sino que asimismo incluye a quienes por su relativo bajo nivel alimentario se ven condicionados negativamente por este hecho en sus actividades productivas.

En Panamá para el trienio 2010- 2012 no solo se observó que el 10.2% de la población se encontraba en condiciones de desnutrición, sino que el 19.2% de la misma se encontraba en condiciones antes definidas como de insuficiencia de alimentos. Se trata de que en un país donde la economía crece a un promedio anual de más del 10.0%, casi una cuarta parte de la población se encuentra en condiciones alimenticias tales que afectan negativamente algunas de sus más importantes actividades, tales como el trabajo productivo y la educación. No está de más señalar que quienes pretenden presentar el actual modelo de crecimiento del país como un ejemplo para el mundo, deberían recordar que el índice de insuficiencia alimentaría de Panamá, supera significativamente al observado para el conjunto de América Latina, el cual se sitúa en 14.8%, mientras que el de Costa Rica alcanza a tan solo el 9.9% de su población.

En términos dinámicos existen algunos elementos que llaman la atención sobre la posibilidad de que el fenómeno de la insuficiencia alimentaria se esté profundizando. No solo se trata de que en el último año el componente de alimentos del Índice de Precios al Consumidor Urbano del INEC mostró una inflación de precios del 7.4%. Se trata al mismo tiempo del hecho de que las comidas fuera del hogar, las cuales tienen que realizar muchos trabajadores que laboran lejos de sus hogares, mostraron para el mismo periodo una tasa de crecimiento de sus precios equivalente al 12.5%. Estamos, sin ninguna duda, frente a un hecho con capacidad de afectar efectivamente la normal reproducción de la fuerza de trabajo del país.

Analizando la situación internacional nuevamente encontramos que difícilmente se puede, como pretenden las autoridades del país, achacar la inflación de los alimentos a los fenómenos internacionales.

Es así que, de acuerdo con las estadísticas de la FAO, el incremento promedio a nivel de precios de los alimentos para el conjunto de los países latinoamericanos durante el año 2012 fue de apenas el 0.24%. Esto llama la atención sobre la incapacidad de dichas autoridades de detener la desbocada especulación, así como de su fracasada política agropecuaria. La incompetencia de los sectores económicamente dominantes de comprender la problemática de la seguridad y la soberanía alimentaria están conduciendo al país hacia graves problemas en la reproducción de las fuerzas de trabajo. Estos sectores más que ocuparse del desarrollo de las fuerzas productivas, solo están preocupados por incrementar sus ganancias especulativas.

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Viernes 14 de agosto de 2026